De repente, la
lámpara se mueve. Una y otra vez, en círculos, girando sobre sí misma. Son poco
más de las siete de la tarde. Fuera se escucha a gente hablando en voz alta. Varias personas están en mitad de la calle,
manteniéndose lejos de los edificios. No hay
movimiento de automóviles. “¿Qué está pasando?”, preguntan. “Es un terremoto, un terremoto… ¡De nuevo!”, responde una mujer. En la
televisión, una presentadora, con un tono que roza el histerismo, dice: “No sé
qué hacer. Si seguir con el programa o irme”.
Tres nuevos
terremotos de magnitud 5,4, 5,9 y 4,6 sacudieron este miércoles el centro
de Italia, dos meses después del seísmo que dejó 297 muertos también en esta
zona, despertando de nuevo el miedo entre la población. Según las
autoridades sismológicas italianas, esta actividad sísmica está ligada al terremoto
del pasado 24 de agosto. Una segunda y fuerte sacudida se
percibió en la capital italiana en torno a las 21:18 de la
noche, hora española, al igual que en Florencia, Pisa, Siena, Venecia y otras
ciudades, horas después del primer terremoto. Poco antes de la medianoche
se produjo la tercera.
El ministro del
Interior, Angelino Alfano, aseguraba anoche que no se tenía conocimiento
de que se hubieran producido víctimas mortales, aunque hoy se ha
confirmado que sí falleció una persona debido a un ataque al
corazón. Protección Civil de Italia ha verificado que ha habido
9 heridos. Además, entre dos mil y tres mil
personas han visto destruidas sus viviendas, que se suman a los
damnificados de los seísmos anteriores.
Antes que empezara
a difundirse la noticia de que Italia había sido golpeada otra vez por
un fuerte seísmo, era una noche normal en Roma. Tuvieron que pasar
algunos largos minutos antes de que la gente entendiese qué estaba ocurriendo,
dónde se encontraba el epicentro, si había muertos, heridos…
nuevos desplazados. Cuando luego se supo, se temió lo peor. Si
en Roma los bomberos alertaban de algunos edificios evacuados por grietas
producidas por el seísmo, desde los burgos de los Apeninos centrales cercanos
al epicentro —como Castelsantangelo sul Nera, en Las Marcas—, los alcaldes describían un escenario funesto. “No sé
qué decir. Estamos todos fuera, en la plaza central.
Llueve y no hay electricidad”, decía un entristecido Mauro Falcucci, el
alcalde de Castelsantangelo, en una conversación telefónica con el canal de
noticias Sky.
Cuando a las 21:18
la lámpara se movió de nuevo, con mayor intensidad, la televisión transmitía
escenas de edificios que se desplomaban sobre sí mismos, entre grandes
polvaredas. En Roma había miedo. El Ministerio
de Exteriores de Italia, el edificio conocido como la Farnesina, era evacuado.
La sede de la región de Lacio también era desalojada por precaución.
En los Apeninos, la gente ya no quiere volver a entrar en sus casas,
prefieren dormir en sus automóviles. Anoche caía una lluvia fuerte, no
había electricidad y se producían cortes en las líneas telefónicas. Los
socorristas empezaban a hurgar en la oscuridad.
El epicentro del primer seísmo se situó en Castelsantangelo
sul Nera, una localidad de 318 habitantes en la provincia de Macerata. El
segundo, muy cerca de allí, en Ussita (441 habitantes). Por ahora, las tres
localidades más afectadas son Visso (1.200 habitantes), Preci (752
habitantes) y Ussita. En Visso había personas bajo los escombros, según el diario ‘Corriere della Sera’. En Castelsantangelo
saltaron las líneas eléctricas, dejando el área sin electricidad. Ejemplo de la destrucción era un vídeo de Ussita que
compartió un usuario de Facebook de la iglesia de Norcia Madonna delle Grazie.
“Nuestro pueblo ya no existe”, declaró el alcalde, Marco Rinali. “La
última [replica] ha sido la peor que he vivido en mi vida. Es una
situación apocalíptica”, dijo. En las redes sociales y a través de los medios
de comunicación, se impartían instrucciones, similares a las que se escucharon
en agosto. “Resguardarse bajo las mesas, no usen las escaleras, mantengan la
calma; si están en el exterior, estén lejos de los edificios”. Mientras,
algunos usuarios comenzaron a colgar vídeos e imágenes mostrando cómo se han sentido ambas
sacudidas.
Italia se encuentra
asentada en una zona de encuentro entre dos placas tectónicas, concretamente,
la placa euroasiática —así como una subplaca llamada adriática— y la africana,
la cual empuja el país hacia los Balcanes. Algo que, a su vez, está provocando,
además de los terremotos que se han producido en el territorio, un efecto en el
mar Adriático de dos milímetros al año, según los expertos. Las localidades de
los Apeninos centrales donde se originó el nuevo terremoto están pobladas por
burgos medievales, con edificios muy antiguos. Ahí está
el origen de la fragilidad de la zona. “Ayúdenos. La montaña se
mueve y estamos atrapados”, decía ayer, bajo una lluvia ya torrencial, el
vicealcalde de Acquasanta, Gigi Capriotti.
La lámpara, en
Roma, se movía de nuevo, mientras se anunciaba una noche larga, muy larga. Más
réplicas, aunque de menor intensidad, se esperaban.


