LONDRES.
La Cámara de los Comunes británica aprobó ayer el programa legislativo de la primera ministra Theresa May sin enmiendas, permitiéndole superar la primera moción de confianza del nuevo gobierno conservador con minoría parlamentaria.
May y sus conservadores contaron con el apoyo de los 10 diputados del Partido Unionista Democrático (DUP) norirlandés, para sacar su programa para los dos próximos años, por 323 votos a favor y 309 en contra.
La suma de ambos era suficiente en una cámara con 650 diputados, pero la autoridad de May resultó seriamente erosionada por las elecciones, que adelantó cuando tenía una cómoda mayoría absoluta con la esperanza de ampliarla todavía más.
May todavía pende de un hilo, y una rebelión de su bancada –dividida, entre otros temas, por la salida de la Unión Europea (UE) o la austeridad presupuestaria–pondría en peligro su cargo.
El nerviosismo del gobierno quedó patente al anunciar que cambiaría el derecho al aborto en Irlanda del Norte en cuanto intuyó que el tema podía degenerar en una revuelta.
El Partido Laborista había presentado una enmienda “al discurso de la reina” –como se conoce al programa legislativo– para que la sanidad pública no cobre a las norirlandesas que van a abortar a Inglaterra, Escocia o Gales, porque en su región está prohibido.
Unas pocas horas antes de que la enmienda se sometiera a voto, el gobierno escribió a los diputados prometiendo que adoptaría la propuesta. Las otras dos enmiendas fueron derrotadas: una para que Reino Unido siga en el mercado único europeo, y la otra para permitir la subida de salarios de los funcionarios.
La mayoría de las leyes anunciadas en el “discurso de la reina” conciernen a la salida británica de la UE, cuyas negociaciones formales empezaron la semana pasada.
De hecho, el plan de May para el Brexit se halla bajo la lupa tras las elecciones, que se interpretaron como una desautorización a su proyecto de abandonar el mercado único para acabar con la libre circulación y las fronteras abiertas, y poder así controlar la inmigración.
Los llamamientos a dar prioridad al empleo y las empresas en el divorcio con la UE arrecian, y vienen incluso de voces en el gobierno como el ministro de Finanzas, Philip Hammond.
Éste quiere un periodo de transición a partir de la salida del bloque comunitario para que las empresas se vayan adaptando y no se encuentren de repente “al borde de un acantilado”


