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A todos los que estamos aquí nos distinguen y nos unen 2 características:
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¡Somos mexicanos y somos priistas!
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Como mexicanos, nos duele la desigualdad, la pobreza, el hambre, la corrupción
y la indiferencia que tanto dañan al país y nos impiden avanzar.
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Como priistas, todos hemos dado la batalla en las calles y en nuestros Comités
Municipales y Estatales.
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Hemos trabajado hombro con hombro con la militancia, hemos pedido el voto casa
por casa, hemos dado la cara por nuestros candidatos, conocemos la realidad de
México y más aún, conocemos la realidad por la que atraviesa el PRI.
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Así llegamos
todos a esta Asamblea y sabemos que es el momento de dar
un ejemplo de congruencia.
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Yo vengo a esta Asamblea a reflexionar y hacer conciencia de dos temas
fundamentales:
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La democracia en nuestros procesos y la igualdad en la contienda entre
militantes y simpatizantes.
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Estoy convencida, que debe ser esta Asamblea el espacio para esta discusión.
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La Asamblea es por ley el máximo órgano de gobierno del partido. Pero, sobre
todo, es la más amplia representación de la esencia priista.
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Representa la máxima pluralidad de nuestras ideas, de corrientes internas, de
proyectos y también de los anhelos priistas.
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Sé muy bien que todos los priistas que estamos aquí no somos ni ingenuos ni
improvisados.
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Nuestras carreras las hemos construido
haciendo alianzas, tendiendo puentes, con oficio político y ligando nuestros
proyectos a otros proyectos.
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Tengo claro que todos tenemos lealtades políticas y sabemos honrar la palabra.
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Pero sé también que muchos han aspirado a ser candidatos, que han sido la mejor
opción, y por el momento político o una decisión cupular, no pudieron llegar a
la candidatura.
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Pero eso sí, ahí estuvieron, dando la cara y apoyando al partido.
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Por eso sé que al igual que los priistas de pie y de calle, respaldan la idea
de democratizar nuestros procesos internos, y entienden, por experiencia
propia, la imperante necesidad de darle voz a nuestra militancia y a la
ciudadanía.
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Propongo una consulta interna abierta a los militantes y a la ciudadanía, que
sea tan transparente, tan limpia, de tanta altura, entre compañeros de partido
y con reglas tan claras, que no pueda tener otro resultado que no sea la unidad
y el triunfo electoral.
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¡Unidad que nos haga viables, competitivos e invencibles!
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Esta Asamblea, máximo órgano de gobierno de nuestro partido, debe tomar ese
reclamo.
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No podemos apostar a que unas pocas voluntades, sustituyan a todo el priismo, y
nos lleven a los resultados que hemos vivido en los últimos 5 años: la pérdida
de competitividad electoral.
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También quiero dejar clara mi posición
respecto a la contienda entre priistas militantes y ciudadanos simpatizantes.
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Yo no puedo entender la democracia sin que
exista igualdad en la competencia.
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Los que estamos aquí, sabemos que la militancia es lo más importante, es la
base del partido.
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Son los militantes los que pagan sus
cuotas, respetan la ideología y apoyan al partido en las buenas y en las malas.
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Aquí han estado cuando se trata de defender las acciones de los gobiernos
emanados del partido, y aquí están cuando se trata de ir a tocar la puerta y de
dar la cara, aún cuando no estén de acuerdo con la decisión que se tomó.
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A pesar de su importancia, a la hora de elegir candidatos, el militante que
aspira, debe cumplir con requisitos partidistas que no se le exigen a los
aspirantes externos.
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Un externo llega, presentando como credencial un currículum que presuntamente
acredite “honorabilidad”, y eso es todo. ¿En dónde quedan la
ideología, los respaldos y el partido?
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No se trata aquí de poner limitaciones, de vetar a alguien o de restar
importancia a los respaldos de sector.
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Por el contrario, bienvenidos aquellos que creen en el PRI y que quieran hacer
del PRI su espacio de participación política.
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De lo que hablamos es de poner piso parejo.
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Que ningún simpatizante goce de privilegios
que le
sean negados a los militantes
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Ambas propuestas han sido respaldadas por 240 mil 512 priistas.
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Los 240 mil 512 priistas que firmamos, pedimos congruencia y responsabilidad
para empezar desde dentro, dejar atrás prácticas que nos lastiman, acabar con
la simulación y la mal entendida institucionalidad, abandonar esas prácticas de
las que nos quejamos, nos avergonzamos y lamentamos en privado y que nos da miedo
expresarlo en público.
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Hoy tenemos la oportunidad de expresarlo y
también de hacer historia.
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Conozco la entraña de mi partido, y sé que las victorias que hemos alcanzado
han sido siempre del lado de las bases, de la militancia, escuchando a la
ciudadanía, trabajando con la gente y representando con carácter y firmeza las
causas sociales.
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Pero también sé muy bien, que las derrotas, las hemos obtenido cuando la
arrogancia nos ha alcanzado.
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Cuando el miedo de expresarnos con libertad nos inmoviliza y cuando hemos sido
omisos en luchar por lo que pensamos que es correcto.
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Hemos perdido, cuando el interés de grupo o personal, y cuando las decisiones
cupulares, se han impuesto sobre el interés de todos.
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Dejemos atrás el miedo, dejemos atrás la línea, dejemos atrás la imposición,
que ustedes saben muy bien, no sólo nos conducen a la derrota, le abren la
puerta a los malos gobiernos, a la improvisación y al autoritarismo de los
adversarios.
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Lo digo con firmeza, necesitamos un
partido vivo, un partido unido, un partido moderno, que venza sus propios
miedos y que se atreva a cambiar para que nunca más la sociedad nos vuelva a
cambiar a nosotros.
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En vivo, nos están observando millones de priistas, millones de ciudadanos, que
nos estarán esperando con su voto en las urnas para calificarnos.
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Millones que sabrán si somos congruentes, si somos de una sola pieza, si somos
dignos de SU confianza.
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¡Devolvamos su grandeza al PRI!
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¡Y con orgullo y dignidad, hagamos un PRI
democrático y patriótico!
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Sólo si somos capaces de transformar verdaderamente al PRI, ¡podremos ver a los
ojos a los mexicanos y decirles que si somos capaces de transformar al PRI,
somos capaces de transformar a México!


