Por Francisco López Vargas
El periodismo me ha llevado a conocer a gente del poder, a personas de la mejor calidad humana y a seres verdaderamente perturbadores. Desde asesinos de ocasión hasta delincuentes de trienio y políticos que llegaron a serlo no por serlo realmente sino por la oportunidad o necesidad de quien los llevó a ser candidatos, como un refrendo de aquello de que a la política no te metes, te meten; y no te sales, te sacan…
Gente que nunca tuvo militancia partidista y gente que toda la vida vio desde su militancia el poder sin tener nunca relevancia ni cargo público de importancia.
Desde mi posición de periodista me tocó ver cambios que muchos nunca imaginamos en una entidad que, aunque lentamente, ha sido vanguardia política y ejemplo de participación ciudadana en tiempos en los que ser oposición era prácticamente pecado.
Debo reconocer que mi primer trabajo en Yucatán me marcó para siempre. La disciplina que me imbuyeron en el Diario de Yucatán contrastó con la libertad que tuve como corresponsal del semanario Proceso.
En el Yucatán del primer interinato y del segundo, vi llegar a Palacio a un Víctor Cervera Pacheco impuesto desde el centro del país para luego volver a verlo impuesto candidato también desde el mismo sitio. Sin embargo, el Cervera gobernador de 1984-88 no tiene nada que ver con Don Víctor Gobernador desde 1995 y hasta el nuevo milenio.
No podría, como testigo presencial, deshacerme de la fascinación que generaba ese gobernador que llegaba manejando su combi hasta la puerta de Palacio y bajaba para entregar las llaves a la guardia mientras era seguido por su inseparable Coly, como todos los conocíamos.
Era un alucine ver al gobernador caminar por los pasillos de la planta baja de Palacio. Era fascinante ver a un ser humano convivir con sus paisanos y hablarles en su mismo idioma. Libre, sin escolta más que su fiel escudero cargando su portafolio y sus carpetas de trabajo, Víctor hablaba, convencía, dejaba la reflexión y mostraba esa sensibilidad que, por desgracia, no es el común denominador de los políticos.
Preguntarle a la gente qué necesitaba, qué trámite iba a hacer y acompañarlos, ver el trámite con ellos y luego subir a su oficina en el segundo nivel del edificio de la calle 61 para atender, muchas veces, en horas de la madrugada.
Más de una vez me topé con Don Víctor al salir del Diario. Más de una vez intercambiamos saludos e invitó a acompañarlo a ver a un amigo enfermo, a comer algo o a tomar un café.
No lo sé. Eran días en los que el gobernador que no había sido electo convencía. Era como si la realidad hubiera sido respetada y no la imposición del General Alpuche Pinzón que terminó no sólo fuera del gobierno sino fuera de la vida política.
Cervera decía que muchos de sus críticos vivían en un país de fantasía y que no conocían la realidad de un Yucatán pobre, jodido que necesitaba despuntar. Quizá la primera decepción se dio en las elecciones y lo que sucedió en Chemax con la muerte del panista Benito Oy de lo que se responsabilizó a uno de sus amigos.
Personaje polémico y controversial, Cervera Pacheco se consolida políticamente al llegar al gabinete de Carlos Salinas, en cuya campaña, no sólo reconoce a Cervera sino que le declara al columnista que sus obras tendrían continuidad y que los proyectos del Puerto de Altura y varios más tendrían que culminarse.
Visiblemente molesto, Víctor Manzanilla sentado al lado del periodista, arroja al plato la cuchara con la que degustaba un helado de mamey en los bajos del Palacio de Gobierno, al escuchar la consolidación de su obra y el apoyo a Cervera.
Al terminar las elecciones, Cervera sería Secretario de la Reforma Agraria y empezaría una operación soterrada para debilitar a quien, desde su toma de posesión, sintió la presión de su antecesor ya que antes de tomarle la protesta como candidato vio como todo el sector campesino que había llegado a su evento, se levantó para retirarse antes de que él hablara o rindiera protesta.
Durante una gira por Campeche, el entonces presidente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, platicando con el reportero, le pregunta si es verdad lo que sucedía en Yucatán y que había inestabilidad en el gobierno de Manzanilla. El reportero le señaló a Cervera Pacheco, presente en el recorrido del presidente Salinas, y le respondió que él podría darle una mejor respuesta.
En 1991, Cervera Pacheco ve coronada su operación política en la que Dulce María Sauri, amiga de Salinas, y Carlos Sobrino, ya en esos días delegado de Sedesol en la entidad, lograban que Manzanilla pidiera licencia usando como presión la derrota de Herbé Rodríguez Abraham como candidato del PRI a la alcaldía, posición a la que llega Ana Rosa Payán Cervera.
Para Manzanilla, la policía había detenido la operación política que haría ganar a Herbé. Para otros, la derrota del ex presidente municipal meridano obedecía a que Cervera no había estado de acuerdo en que fuera el candidato del PRI. La intervención de la policía en casas de seguridad del PRI y la exhibida a José Guadarrama Márquez fueron quizá el colofón y pretexto para acelerar la remoción del que fuera embajador de México en China.


