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José Francisco Lopez Vargas
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Por Francisco López Vargas

Este será el nuevo periférico. Dejará un cinturón verde para la ciudad que en 20 años ya necesitará otra vía de desahogo, decía Víctor Cervera Pacheco, gobernador de Yucatán, desplegando un enorme mapa de la capital yucateca en una mesa circular que tenía en uno de los espacios de su oficina en Palacio de Gobierno.

Eran los días de 1987 cuando la Universidad del Mayab ya era una realidad y lo que pareciera una vía que sería el nuevo periférico se bosquejaba en el plano. Aquí, le indicaba al reportero, hay dos hectáreas que se escriturarán a tu nombre. Son dos hectáreas que bien puedes dividir para hacer una parcela de árboles frutales y la otra para que construyas tu casa.

Gracias, Don Víctor, respondió el reportero, tomado por sorpresa con la propuesta.

Gracias sí o gracias no, insistió viendo al periodista a la cara.

Gracias no, Don Víctor. No podría siquiera mandarlo a cercar. Ya no hablemos de limpiarlo o de fomentar en él lo que usted me sugiere. Gracias de nuevo.

No te preocupes, el Fifonafe (Fideicomiso de Fomento Nacional Ejidal) te va a apoyar. Armamos un expediente y con tus familiares lo resolvemos.

Gracias de nuevo, Don Víctor. Soy hijo único y mi madre también, no hay con quien hacerlo. Le agradezco su gentileza y le aprecio el ofrecimiento.

La relación con él creció. Nunca hubo en esa relación al más que una extraordinaria amistad que más de una vez celebramos platicando, contándonos anécdotas y temas de política.

En la campaña de Víctor Manzanilla Schaffer, el reportero recibió, junto con otros tundemáquinas, un billete de la lotería. Manzanilla decía que su suerte sería la de los periodistas, refiriéndose a lo bien o mal que les iría de acuerdo con su gestión. El billete no tuvo ni reintegro.

En esa campaña, el reportero realizó su trabajo con absoluta libertad. La única ocasión en que Manzanilla platicó con él en relación con lo publicado en el Diario de Yucatán fue al día siguiente del inicio de la campaña cuando se usaron automóviles y vehículos que no tenían placas.

Llegando a la casa de campaña al segundo día, Manzanilla llamó al reportero y le mostró los autos: “todos tienen plancas”, le dijo y bromeó sobre el tema. Nunca reclamó un dato, una cita, una línea de lo escrito y publicado.

El día de su toma de protesta, como se narró en anterior colaboración, Manzanilla vio como todo el sector campesino dejó el Polifórum Zamná cuando él empezó su discurso. Jorge de la Vega Domínguez, entonces presidente del PRI, veía preocupado el éxodo. Era como si al tomar el micrófono el candidato, les dieran la señal de dejar el evento.

Eran los días del jaloneo. La campaña de Carlos Salinas estaba en su apogeo y el candidato presidencial había estado, al menos, cinco veces en Yucatán en sus giras de proselitismo.

Para los manzanillistas, había sido un bofetón el que Cervera bajara del avión del candidato presidencial en la comitiva, como secretario general adjunto del PRI, de la mano de Manuel Camacho Solís, el secretario general. Las tensiones apenas empezaban y Carlos Sobrino Sierra, Dulce María Sauri eran los dos cerveristas visibles en el golpeteo al “romántico” gobernador recién llegado.

Afecto a romper el protocolo y el cerco de seguridad, Salinas desaparecía de los ojos del Estado Mayor Presidencial y ponía en aprietos a los reporteros que cubrían sus recorridos, Mérida no era excepción.

Castigado, el reportero no cubría la gira presidencial. Se le mandó a cubrir policía, pero al hacerlo tenía acceso a la información de dónde se encontraba el candidato. Salinas se escapa a todos y decide irse a tomar un helado a la nevería Colón, junto al Palacio de Gobierno.

Sentado en una mesa circular pequeña, Salinas, Manuel Camacho –perdón si omito a alguien- tomaban un helado cuando llegó corriendo el gobernador Manzanilla. El periodista y su colega Fidel Samaniego aprovecharon que no había otros en la cafetería para una charla con Salinas que provocó Manzanilla tirara sobre el plato su cuchara al escuchar que su gobierno debía darle continuidad a varios proyectos de Cervera, incluido el puerto de altura de Progreso.

Cuando los demás reporteros llegaron, Salinas ya había terminado su charla para reanudar su gira.

La elección de 1988 fue impresionante, al menos en Yucatán. La participación ciudadana era sorprendente. Hubo una marcha del silencio encabezada por Manuel Clouthier por la calle 60 y el mismo día a la misma hora Carlos Salinas realizaba un mitín en La Mejorada. Todo era fiesta en el mitin tricolor, en el panista los tapabocas y el silencio eran impresionantes. Sólo se escuchaba el golpe de los pies contra el suelo, mientras la columna de varias cuadras de largo avanzaba.

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