Era espacial, hermoso, plateado… La mujer que lo encontró en un banco de la calle, húmedo y un poco sucio, pensó que era bonito, incluso demasiado bonito… Era ideal para acudir a un espectáculo de ballet. Por ejemplo..
La niña que lo perdió tenía ocho años. De esos ocho dos los había pasado en la planta cuarta de un hospital. Luchaba contra aquel monstruo tan horrendo al que llamaban leucemia… Había podido salir al exterior un fin de semana…
La mujer llegó con él a su casa. Cortarían la luz si no la pagaba el viernes, pero un amigo podía prestarle, confiaba en poder pagar. Las cosas parecían ir un poco mejor, su querida Virgen del Rocío la estaba ayudando…
Qué hermoso era el zapato.. Cuando todo le iba bien ella compraba sandalias lindas, botas de tacón… Le gustaba ir muy arregladita a los toros, al teatro, a conciertos de flamenco… En estos tiempos nunca pensaba en zapatos…
La niña no llegó a echar de menos aquel objeto tan bello. No era suyo, pertenecía a la muñeca que le había regalado su amiga Lourdes. Tan mágica, una muñeca de su misma estatura. De mirada limpia, dulce, noble…
La niña no extrañó el zapato porque aquel día se puso peor… Una estrella que cada noche le mandaba un beso desde el cielo supo que en realidad estaba mejorando, el tratamiento hacía efecto. También supo que la mujer gastaría un dinero que no tenía en acercarse a una comisaría a entregar el zapatito..
Este cuento está dedicado a la gente buena
A los niños que pelean contra enfermedades duras
Al toreo, a Enrique Ponce, siempre tan sensible y a Dani
A mi Lourdes, que aprecia mis cuentos
A mi niño Luis
A las personas de alma rociera
Y a mi familia


