Un avión bimotor de la aerolínea estatal colombiana Satena que cubría el trayecto entre Cúcuta y Ocaña se estrelló la mañana del 28 de enero de 2026 en una zona montañosa del departamento de Norte de Santander, provocando la muerte de las 15 personas que viajaban a bordo, entre ellas el congresista Diógenes Quintero Amaya y un candidato a la Cámara de Representantes. La aeronave, un Beechcraft 1900 operado por la empresa Searca bajo contrato con Satena, despegó del aeropuerto Camilo Daza de Cúcuta alrededor de las 11:42 hora local y perdió contacto con el control de tráfico aéreo minutos después, sin llegar al aeropuerto Aguas Claras de Ocaña, donde estaba programado su aterrizaje. Los restos de la aeronave fueron localizados en la zona rural de Curasica, en el municipio de Playa de Belén, y las autoridades confirmaron que no hubo sobrevivientes, lo que desencadenó una profunda conmoción en Colombia.
Entre los ocupantes se encontraban 13 pasajeros y dos tripulantes, según informó Satena y confirmó la Aeronáutica Civil colombiana. Además de Quintero, quien representaba a la región del Catatumbo en la Cámara de Representantes bajo las denominadas curules de paz creadas tras el Acuerdo de Paz de 2016, también viajaba Carlos Salcedo, candidato a una curul de paz en las elecciones legislativas de marzo de 2026. La compañía estatal y las autoridades han publicado los nombres de las víctimas y han iniciado los protocolos de acompañamiento a las familias de los fallecidos. La desaparición del avión de los radares y el hallazgo posterior de los restos ocurrieron en un territorio caracterizado por su geografía montañosa y la presencia de cultivos ilícitos y de grupos armados ilegales, lo que complicó las labores de localización y recuperación.
Las reacciones políticas y institucionales ante el accidente no se hicieron esperar. El gobierno colombiano, a través de sus ministros, expresó condolencias a los familiares de Quintero, de Salcedo y de los demás ocupantes de la aeronave. El ministro del Interior, Armando Benedetti, destacó el compromiso de Quintero con la paz y el cambio social en el Catatumbo, y el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, lo recordó como un compañero en esas causas, mientras que otros líderes políticos elevaron sus mensajes de pesar y solidaridad ante esta tragedia. La vicepresidenta de Colombia también emitió pronunciamientos lamentando lo ocurrido y señalando el dolor del país ante la pérdida de vidas en un vuelo doméstico que debería haber sido breve y rutinario.
La figura de Diógenes Quintero Amaya, de 36 años, fue objeto de especial atención tras confirmarse su fallecimiento en el accidente. Originario de Hacarí, en el Catatumbo, Quintero había dedicado gran parte de su trayectoria a la defensa de los derechos humanos y a visibilizar las problemáticas de las comunidades más afectadas por el conflicto armado interno de Colombia. Elegido en 2022 para ocupar una de las curules de paz en la Cámara, su trabajo era reconocido por organizaciones civiles y por sectores sociales que abogan por la paz y la justicia en regiones históricamente golpeadas por la violencia. Su compromiso con reformas y políticas dirigidas a mejorar la vida de poblaciones rurales lo había convertido en un dirigente destacado en el contexto político colombiano contemporáneo.
Las causas del accidente aún están bajo investigación por parte de las autoridades aeronáuticas colombianas y organizaciones especializadas, que trabajan para determinar si factores como las condiciones climáticas, posibles fallas técnicas o error humano pudieron haber influido en el siniestro. El avión de matrícula HK-4709, con capacidad para 19 personas, se encontraba en un vuelo domiciliario de corta duración, pero perdió comunicaciones aproximadamente 12 minutos después del despegue y se precipitó contra el terreno abrupto de la región. Equipos de emergencia y de investigación han sido desplegados para profundizar en las circunstancias de este trágico hecho que ha generado consternación en Colombia a pocos semanas de los comicios legislativos.


