Cuando Charee Stanley comenzó a trabajar en 2013 para ExpressJet, una pequeña aerolínea con sede en Atlanta, se había acabado de convertir al Islam.
Pidió permiso para usar el velo musulmán hijab y le fue concedido.
Dos años después, Stanley, una afroamericana, dijo que su religión le prohibía no sólo consumir alcohol, sino servirlo a otras personas, y solicitó que no se le obligara a hacer esa tarea. ExpressJet accedió nuevamente.
Pero en el verano de ese año, el arreglo se rompió luego que un compañero de trabajo de Stanley se quejó. Cuando la aerolínea le exigió a la azafata que sirviera alcohol ella se negó y fue colocada en licencia administrativa sin sueldo el 25 de agosto de 2015, en vía rápida hacia el despido.
Su caso salió a la luz pública a la par del caso de Kim Davis, la empleada de Kentucky que pasó 6 días en la cárcel al negarse a casar a parejas homosexuales. Davis alegó razones religiosas para oponerse a oficiar esas ceremonias.
Un año después Stanley ha decidido demandar por discriminación a través del Consejo Relaciones Estadounidenses-Islámicas de Michigan.
El Consejo alega que la medida contra Stanley es discriminatoria, pues el otro asistente de vuelo se quejó de que Stanley “llevaba el hijab” y “poseía libros religiosos en árabe”.
En la demanda se afirma que ExpressJet viola el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964 ya que no proporcionó un ajuste razonable para acomodar las labores a las creencias religiosas de Stanley.
La demanda busca reincorporar Stanley a su trabajo, así como el pago de daños y perjuicios económicos, emocionales y de castigo, y los honorarios del abogado. La cantidad total por concepto de indemnización no ha sido revelada.


