Especial / La Revista
“Chiapas, Espíritu del Mundo Maya” es mucho más que
naturaleza, selvas, ríos, montañas, lagos, zonas arqueológicas y Pueblos
Mágicos. Tiene también gastronomía y un arte textil que ya trasciende no solo
en México sino en Estados Unidos y en otros países de Europa, Asia y
Latinoamérica.
Esto es gracias a exponentes como Alberto López Gómez,
un indígena tsotsil que no solo venció el miedo a enfrentar una estricta regla
de su comunidad, en Juxtón, en Los Altos de Chiapas, donde estaba prohibido que
los hombres tejieran prendas en el telar de cintura -era solo para mujeres-,
también venció la marginación, el analfabetismo y el machismo, entre otras
duras barreras.
Cobijado por su madre, Margarita Gómez, Alberto dejó
la agricultura y aprendió a tejer a escondidas en su casa, hasta llegar a
dominar el centenario telar de cintura y confeccionar prendas típicas, no solo
las tradicionales, sino otras con un diseño vanguardista y de alta costura que
a final de cuentas le abrió paso en las grandes pasarelas de la moda.
Es así como este joven chiapaneco, quien a sus 25 años
era analfabeta y solo hablaba tsotsil, decidió superarse, ir a la escuela y
aprender español para cumplir su sueño de ser diseñador y ayudar a las
artesanas de su comunidad a mejorar sus condiciones de vida.
Ya con prendas en la mano salió de Juxtón para viajar
a San Cristóbal de las Casas en busca de mejores precios para sus productos y
con el firme propósito de que se valorara el trabajo que hacían las mujeres de
su comunidad.
“No tenía dinero, me tocó dormir en el piso, en un
rincón del Museo ´La Enseñanza’, donde ofrecía mis prendas, no tenía para pagar
una renta o un cuarto en el hotel, así que juntaba mis ropas para acostarme y
protegerme del frío. Fueron momentos muy difíciles y complicados.
“Al principio la gente regateaba los precios de las
prendas, pero yo me negaba a aceptarlo, así que seguí tocando puertas, pues
quería que se valorara nuestro trabajo. Empecé a dar talleres para que se
dieran cuenta de lo difícil y tardado que es hacer un huipil, una blusa, que
lleva de cuatro a seis meses y hasta un año. Y así, poco a poco, se empezó a
valorar lo que hay detrás de estas prendas”, relata Alberto.
“Costaron muchas lágrimas, muchos sacrificios, pero
valió la pena”, afirma, seguro, el diseñador, tras haber dado el salto que
esperaba y haber triunfado dos veces en el Fashion Week de Nueva York, la
capital mundial de la moda, y haber sustentado, entre otros sitios, una
conferencia en la Universidad de Harvard, Massachussetts, donde coincidió con
la actriz oaxaqueña Yalitza Aparicio.
La pandemia del Covid-19 frenó muchos planes, pero no
el tesón y el entusiasmo de Alberto López, quien fundó la cooperativa K’uxul
Pok’ (Prendas Vivas, en tsotsil), que agrupa a 150 artesanas, diversificó su
línea de producción, abrió una tienda en San Cristóbal de las Casas y exporta
sus ya cotizadas prendas exclusivas a Francia, Suiza, Italia, Alemania, Estados
Unidos y Canadá, entre otros países.
La fascinante historia de Alberto y el tema del arte
textil en Chiapas es parte de la estrategia “Me Encantas Chiapas”, que dirige
la secretaria de Turismo, Katyna de la Vega Grajales, para reactivar el turismo
y colocar a este espectacular destino de experiencias únicas como uno de los
más visitados del país.
Chiapas es, sin duda, una excelente opción para
visitar esta temporada decembrina o en cualquier época del año.


