Alemania aprobó esta semana una ley para instaurar un nuevo servicio militar voluntario con el fin de reforzar sus fuerzas armadas. Con esta medida, el gobierno busca aumentar progresivamente el número de efectivos hacia 460 000 para 2035, frente a los 182 000 actuales.
A partir de 2026, todos los ciudadanos que cumplan 18 años recibirán un cuestionario en el cual deberán manifestar su disposición para servir por al menos seis meses. La inscripción y revisión médica será obligatoria para los hombres, mientras que las mujeres podrán optar voluntariamente. No obstante, el servicio en sí mismo seguirá siendo voluntario para ambos géneros.
Como incentivo, quienes acepten alistarse recibirán una remuneración atractiva: al menos 2 600 euros brutos mensuales. Además, quienes se comprometan por un año podrían obtener ayudas adicionales, como subvenciones para el permiso de conducir.
El contexto detrás de esta decisión está marcado por una creciente preocupación geopolítica, especialmente por la agresividad de Rusia y su impacto en la seguridad de Europa. Líderes alemanes afirman que el país debe estar preparado para defenderse, argumentando que “un Estado no se protege solo”.
La iniciativa no ha estado exenta de controversia. Muchos jóvenes han expresado su rechazo: consideran que incluso si el servicio es voluntario ahora, podría convertirse en obligatorio en el futuro. Como un joven berlinés resumió en una manifestación: “Da miedo ver la actualidad… Probablemente seremos los primeros en ir al frente y nos usarán como carne de cañón”.
Este retorno a un sistema de reclutamiento —aunque voluntario— marca un giro importante en la política de defensa de Alemania, revirtiendo la tendencia de décadas de un ejército profesional y con personal reducido. El debate plantea preguntas sobre la seguridad, la libertad individual y el futuro de los jóvenes alemanes.


