Trump hizo la amenaza a principios de este año, al decir que, si era elegido, detendría las importaciones de petróleo de Arabia Saudita y otros países árabes si no comprometen tropas terrestres para luchar contra ISIS, o al menos reembolsan a Estados Unidos por sus esfuerzos por combatir al grupo terrorista.
“Sin nosotros, Arabia Saudita no existiría por mucho tiempo”, dijo Trump al New York Times en marzo.
Trump dijo más adelante en un importante discurso sobre energía que él lograría una “independencia energética estadounidense completa” de “nuestros enemigos y los carteles del petróleo”.
Ahora que Trump ha ganado la Casa Blanca, esa amenaza conlleva más peso.
El ministro de Energía de Arabia Saudita, Khalid al-Falih, advirtió esta semana que prohibir el petróleo de su reino podría ser contraproducente.
“En su corazón, el presidente electo Trump verá los beneficios y creo que la industria petrolera también le aconsejará adecuadamente que el bloqueo del comercio de cualquier producto no es saludable”, dijo Falih al Financial Times.
El poderoso ministro saudí agregó que “la energía es la sangre de la economía global” y que Estados Unidos “se beneficia más que nadie del libre comercio global”.
La embajada saudita en Washington no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios adicionales.
Jason Bordoff, profesor de la Universidad de Columbia y ex asesor de energía de Obama, dijo a CNNMoney que “no es práctico” prohibir la importación de petróleo de ningún país a Estados Unidos en el mercado mundial integrado del petróleo.
Además, Bordoff advirtió que la prohibición de las importaciones procedentes de un país determinado podría interrumpir las relaciones diplomáticas y comerciales y “violaría el largo compromiso de Estados Unidos con los mercados energéticos libres y abiertos”.
A pesar de la creciente producción en medio del auge del petróleo de esquisto, Estados Unidos sigue dependiendo de grandes cantidades de crudo de la OPEP para alimentar su masiva economía.


