Carlos E. Bojórquez Urzaiz
Las glosas que acompañan el dibujo de Felipe Carrillo Puerto, delineado por el doctor Eduardo Urzaiz, como parte del manojo de recuerdos de quien declaraba no poseer más archivos que sus memorias personales, asientan que en el año de 1922 el gran revolucionario de Motul implantó la costumbre, continuada más tarde por otros gobernadores, de repartir libros y a niños proletarios. Sin pretensiones historiográficas de ninguna clase, las anotaciones de esta ilustración, solamente intentan realzar la veracidad de un acontecimiento retenido en los recuerdos del primer Rector del Alma Mater, quien, habiendo señalado en la víspera, que su ideario socialista lo profesaba “casi…desde que tuve ideas,” se sintió conmovido frente a este anticipadísimo acto de justicia educativa que Mártir del Proletariado Nacional, sembró como semilla que varias décadas después floreció en actuales libros de texto gratuitos.
La anterior referencia pudiera carecer de importancia, salvo por el hecho de que su registro se debió a uno de los educadores que siguió explícitamente a Carrillo Puerto hasta sus últimos días, y plantado en laspuertas de su hogar, frente a las bayonetas del coronel Isaías Zamarripa, portando la Tarjeta Roja número 759, que lo acreditaba como miembro de la Liga Central de Resistencia, declaró: “Para mí el Partido Socialista de Yucatán no tiene otro jefe que Felipe Carrillo Puerto, único que lo ha sido lo mismo en las épocas de triunfo que en las derrotas y adversidad.”
Por añadidura tocó al doctor Eduardo Urzaiz, investigar y redactar la “Historia de la Educación pública y privada desde 1911,” contenida en la Enciclopedia Yucatanense, en cuyas páginas se refirió poco a la distribución gratuita de libros escolares realizada por Felipe Carrillo Puerto. El aparente descuido del doctor Urzaiz, no puede explicarse sino como resultado de la división que solía hacer de su fidelidad carrillista en dos franjas relacionadas entre sí: una que tenía que ver con su raciocinio laico, militante y dialéctico, manifiesto en sus obras científicas y educativas, y otra, asociada con el arte, más expresiva e inquietante, puesto que tratándose de un pintor necesario en la plástica yucateca, Urzaiz Rodríguez parece haber reservado para el arte ciertas reminiscencias que acentuaban el plano humanista de Carrillo Puerto, como fue el amor que profesó por los niños, expresado en este pequeño dibujo.
Esta extensa exégesis sobre el dibujo de Felipe Carrillo Puerto, inscrito en el manojo de recuerdos que popularizó el doctor Urzaiz en las páginas del desaparecido Diario del Sureste, firmados bajo el seudónimode Claudio Meex, y reunidos en su obra, Anécdotas yucatecas (Reconstrucción de hechos) quizás ayude a comprender algunas de las formas mediante las cuales el temple del Apóstol de los mayas se fue injertando tempranamente en los sentimientos e imaginación del pueblo. Y si bien en 1927 el gobernante socialista fue declarado Benemérito de Yucatán por el Congreso del Estado, la apropiación de su figura, su referencia inagotable, traspasa los círculos de reconocimiento gubernamental y está presente en el alma de los yucatecos, a través de expresiones como el dibujo del doctor Urzaiz, y otras narraciones populares que ayudaron a engrandecer la evocación que se acostumbra hacer de Carrillo Puerto frente a actos de injusticia en los que se clama su presencia. Por lo demás, resulta importante explorar una y otra vez la insondable figura de un gobernador que como ninguno supo convertir en acción la fuerza de sus palabras. El aniversario luctuoso de su cobarde crimen, el 3 de enero de 1924, debe ser motivo para guiar nuestros pasos por el rumbo que trazó con su gobierno de izquierda, al iniciar el año 2026.


