La región de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos, se ve gravemente afectada por un ciclón bomba que ha provocado fuertes vientos, cortes de electricidad y cancelaciones de vuelos. Las ráfagas, comparables a las de una tormenta tropical, alcanzan velocidades de hasta 80 kilómetros por hora, causando destrozos significativos en la zona.
Las autoridades locales han emitido advertencias a la población para que evite desplazamientos innecesarios y tome precauciones ante las condiciones meteorológicas adversas. Se espera que las operaciones de restauración del suministro eléctrico y la reanudación de los vuelos tomen tiempo, debido a la magnitud de los daños ocasionados por el fenómeno climático.
Este evento meteorológico resalta la importancia de la preparación y respuesta ante desastres naturales en la región, así como la necesidad de infraestructuras resilientes que puedan soportar condiciones climáticas extremas.


