De hechos y dichos.
Por: Francisco López Vargas.
Sigo convencido de que a cada paso Andrés Manuel López Obrador se desnuda. Al darse ya como ganador ineludible se confía, se muestra más como es, y recurre a gente que no sólo no merece respeto sino que deja claro que son cartuchos quemados en otros partidos.
La que sería la más sólida manifestación de apoyo para el tabasqueño el pasado fin de semana en la Ciudad de México se convirtió en una exhibición de cartuchos quemados que ya no son lo que fueron y que no gozan precisamente de la calidad moral como para sumar ciudadanos.
El lunes 10, el portal La Silla Rosa publicó una nota fechada en Hidalgo: “El líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, incorporó en Hidalgo, mediante un “pacto de unidad” previo a las elecciones de 2018 a ex militantes de los Partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), Movimiento Ciudadano y de la Revolución Democrática (PRD), quienes, no obstante, fueron abucheados por sus simpatizantes durante el mitin en la Plaza Juárez de Pachuca…
“López Obrador integró en Hidalgo a Julio Menchaca Salazar, quien fungió como magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia en el sexenio de Manuel Ángel Núñez Soto y, posteriormente, fue diputado local por el PRI, así como a los ex alcaldes perredistas Héctor Martínez Galindo, de Huazalingo; José Manuel Zúñiga Guerrero, de Ixmiquilpan, y Ricardo Baptista, de Tula. “Los ahora impulsores de la campaña del exjefe de Gobierno del Distrito Federal fueron recibidos con silbidos, mientras Andrés Manuel llamó a la “unidad” y a no provocar fisuras por la contienda que prevé en 2018.”
La historia pareciera repetirse en cada entidad. En algunas de ellas los actos son públicos, en otros se recurre a la secrecía como sucede con Ulises Ruiz Ortiz o Manuel Andrade Díaz, por citar a dos de la zona. Políticos de todos los partidos presumen ahora su relación con López a pesar de que las justificaciones para su primer sitio en las encuestas no se analizan con detalle. El tema es no quedarse fuera.
En otra colaboración, decía hace un par de semanas que Vicente Fox es un personaje que se ha hecho popular por lenguaraz, no por haber sido un excelente presidente sino por dar bandazos de opinión que identifican claramente su conveniencia.
Sin embargo, su más reciente declaración publicada en el periódico El Universal no debe pasar desapercibida: “No puede darse por muerto al tricolor,(…) pero una alianza PAN-PRD en 2018 puede ser exitosa”, y agrega: “tampoco puede darse ya por ganador a López Obrador”.
“¿Cuál es el chiste de estar adelante en las encuestas cuando no hay ningún otro competidor que él?”, agrega y subraya que los resultados variarán de acuerdo con quien es el candidato, cómo se dan las alianzas y coaliciones y cómo percibe la sociedad a los aspirantes: más o menos honestos, el que mienta menos, el que le llegue a los jóvenes y maneje las emociones de manera correcta.
En ninguna parte del país debiera menospreciarse un triunfo priista. Es una realidad que la agitación social no sólo no se la pone fácil al tricolor sino que la presencia presidencial para más de uno no es un activo, pero la realidad es que aún falta año y medio para las elecciones aunque todo empiece a definirse a partir de noviembre próximo.
Coincido parcialmente con Fox: no es inevitable que López Obrador sea presidente, pero tampoco inevitable que el PRI pudiera volver a ganar los comicios presidenciales.
Y es en esto donde radica la agudeza que todos deberían de tener porque una victoria del PRI no sólo depende de cómo actúe el tricolor sino también es proporcional a la manera como los otros partidos y la sociedad lo enfrente y al candidato que presente.
La pulverización del voto es una posibilidad real. Peña es presidente con un 30 por ciento de los votos y es precisamente en ese 70 por ciento que no votó por él donde radica buena parte de la responsabilidad de su triunfo.
La lección es clara: el PAN no pudo sostenerse en la presidencia porque buena parte de la sociedad repudió la guerra contra el narco y el tema supo ser capitalizado por los opositores al panismo. Otros porque no vieron un cambio de gobierno real a pesar de que se logró sostener una economía sólida aún con las crisis de las hipotecas basura del 2008 aunado a la crisis de salud que representó el virus H1N1.
Y otros más porque Josefina Vázquez Mota no tuvo el empuje ni el carisma para seducir a los electores. No bastó el buen resultado que tenía Calderón en lo personal en las encuestas que no logró captar el PAN y menos su candidata.
Peña ganó con el 38.1 de los votos; Andrés Manuel tuvo el 31.59 y 25.41 logró Vázquez Mota. En esos días, los partidos de izquierda lograron ir en una coalición amplia que esta vez no podrá darse: Andrés Manuel ha destruido al PRD con sus emboscados dentro, y la labor tan poco inteligente de las tribus que se niegan a ampliar la visión del partido por el temor de perder sus privilegios económicos y políticos.
Convergencia se ha desdibujado y lo más previsible hoy es que el encono de Dante Delgado y Andrés Manuel es poco probable, pero posible, lleguen a un acuerdo para ir juntos.
Pensar hoy que no habrá quienes se alíen en contra del PRI es un error, pero también los habrá aliados contra Morena y hasta contra el PAN y no podemos dejar de ver que habrá candidatos independientes que quizá sólo tengan un voto testimonial pero que dividirán los comicios.
Andrés Manuel tendrá que luchar contra una mujer si es Margarita la abanderada panista, contra un joven si es Anaya; lo mismo le pasará en el PRI donde nadie sabe quien será el candidato pero ya se habla de otra mujer Ivonne Ortega y de un joven gobernador Alejandro Moreno además de Osorio Chong o el secretario de Salud José Narro, quien por edad se distancia mucho de la media que votará en los próximos comicios.
En el PRD no sabemos quien será candidato después de esa masacre que hoy viven al interior de ese partido, pero el Panal y el Verde no necesariamente irían aliados con el PRI si lo que se necesita es pulverizar el voto, lo mismo pasaría con el PRD, Convergencia o PT que no necesariamente irían con Morena.
Las ecuaciones posibles, más las variables hacen que la advertencia de Vicente Fox no pase desapercibida además de que el ambiente internacional, el humor por Trump y la crispación del momento podría modificar ciertamente el resultado final, pero lo que sí es cierto es que López Obrador no es desde hoy el ganador.


