El líder opositor cubano José Daniel Ferrer llegó recientemente a Estados Unidos tras ser liberado por el gobierno cubano bajo la condición de exiliarse, un paso que él mismo definió como “la única opción que me quedaba”. Según medios, su partida fue una salida pactada tras años de acoso, detenciones y presión constante.
Durante una entrevista, Ferrer reveló detalles estremecedores de su encarcelamiento: “Comí vómito para sobrevivir”, confesó al describir condiciones extremas en prisión y los mecanismos que debió emplear para no sucumbir ante el hambre y la desidia que imperaban detrás de los muros carcelarios.
Se dice que durante su tiempo bajo custodia sufrió golpizas, humillaciones, amenazas hasta de muerte y otros tratos que calificó como “crueles, inhumanos y degradantes”. Además, denunció que su familia también fue objeto de persecución despiadada por parte de las autoridades cubanas.
Ferrer había sido uno de los presos del grupo conocido como “los 75” detenidos durante la Primavera Negra de 2003, y había pasado largas temporadas en prisión bajo cargos políticos. En los últimos meses, su detención se replicó tras actividades de ayuda social y manifestaciones críticas al gobierno, lo cual lo convirtió en blanco constante de la represión.
A su llegada a EE. UU., declaró que su exilio no representaba el fin de su lucha, sino una nueva fase. Agradeció la oportunidad de reencontrarse con su familia y pidió al mundo libre y a líderes internacionales acompañar a los cubanos en su aspiración de libertad y democracia.
Este episodio cristalicé la tensión entre reclamos de derechos humanos y las estrategias autoritarias del régimen que rige la Isla. José Daniel Ferrer quedó fuera de las rejas, pero su voz insiste en permanecer dentro de la discusión sobre el presente y el futuro de Cuba.


