Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz
La revolución de las conciencias es una revolución pacífica, que en lo esencial es comprender que la Cuarta Transformación, a siete años de haber iniciado, mantiene una máxima donde confluye la esencia de Morena: “convencer y no vencer”. Y ese convencimiento se realiza, desde la opinión pública mediante unamplio debate de ideas, pero, sobre todo, a través de acciones cotidianas y hechos concretos, es decir, de la aplicación de políticas públicas que se traduzcan en verdadera justicia social para el pueblo de México.
Desde el inicio del neoliberalismo en el siglo XX, se gobernó para una minoría que sólo tenía como objetivo incrementar el capital de sus riquezas a costa del esfuerzo de millones de trabajadores, pese a las luchas y lecciones que nos heredó el constitucionalista yucateco Héctor Victoria Aguilar. Valiéndose del poder político, no escatimaron en argucias y contubernios para controlar un país cuya población vivía con necesidades de justicia alimentaria, salud pública y vivienda. Esa minoría en el poder, por sexenios, hizo creer que no había otra manera de ser gobernados.
La historia nos mostró que la resistencia y lucha del pueblo ha sido otra desde siempre. “Cuando el pueblo decide ser dueño y constructor de su propio destino, no hay nada ni nadie que pueda impedirlo”. El Movimiento de Regeneración Nacional impulsado por Andrés Manuel López Obrador, después de décadas de lucha, logró la puesta en marcha de la Cuarta Transformación de la vida pública del país, una verdad que se ha ido construyendo día a día.
En la actualidad dicha estafeta reside en la primera presidenta mujer del país, la Dra. Claudia Sheinbaum, quien desde la presidencia de la república se ha ocupado en consolidar la transformación hacia un México de justicia social y prosperidad compartida, de respeto a los derechos humanos y de un humanismo mexicano que comienza a palparse en la escena nacional e incluso en el ámbito internacional, pues la grandeza de México, la congruencia del movimiento y la transformación en marcha, hablan y brillan por sí solos.
Los opositores al actual gobierno, desde su negación del movimiento, la pérdida de sus privilegios y, sobre todo, desde el desprecio al pueblo de México, así justifican la intervención extranjera, patrocinando frenéticas campañas de mentiras y desinformación que no han socavado el ánimo ni el sentir popular, y mucho menos han detenido el avance de las acciones para el bienestar social. La Cuarta Transformación, pese a ello, fincada sobre sus postulados y objetivos, sigue su rumbo a tambor batiente. “Porque resistir no es aguantar, sino es construir”. Y así lo ha hecho la presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum, quien se ha mantenido firme en decisiones fundamentales para la vida pública del país. Así lo expresa en sus propias palabras: “Tenemos principios y tenemos historia patria que nos enseña que, cuando las causas son justas y los valores firmes, y cuando hay un pueblo consciente, la razón y la justicia siempre prevalecen”.
México se encuentra positivamente valorado ante la mirada internacional. Los países vecinos, pese a sus retóricas, mantienen su confianza por el gobierno de la Cuarta Transformación, porque a la par de sus causas justas y la firmeza de sus valores, existe un sólido orden institucional y económico. La organización de la Copa Mundial de futbol en 2026, los distintos acuerdos, son evidencia de ello. Pero lo fundamental, es que existe un acompañamiento real y leal del pueblo mexicano hacia su gobierno, porque desde el inicio de la Cuarta Transformación, ya no son ni serán más, pueblo y gobierno, cosa distinta. De ahí la importancia de continuar esta marcha en simultáneo, en seguir construyendo la transformación de México con una participación efectiva y presente. No olvidar que la esencia de cualquier transformación, es la revolución de las conciencias. Ahí su germen y su persistencia.


