La Ciudad de México enfrenta una crisis ambiental significativa debido a la acumulación de basura electoral tras las recientes campañas políticas. Según datos de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano (FRRPU), se estima que durante el periodo electoral de 2024, la cantidad de residuos generados alcanzará entre 25 mil y 30 mil toneladas.
La mayoría de la basura electoral está compuesta por materiales no biodegradables como plásticos y papeles utilizados en carteles, folletos, lonas, y pendones. Estos residuos no solo contribuyen a la contaminación visual y del suelo, sino que también representan un peligro para la fauna y flora urbana. Gabriela Jiménez Casas, del Instituto de Ecología de la UNAM, subraya que el plástico, en particular, puede tardar siglos en desintegrarse, fragmentándose en microplásticos que contaminan los cuerpos de agua y afectan a cientos de especies.
La acumulación de estos residuos tiene varias repercusiones. En términos ambientales, los plásticos pueden bloquear sistemas de drenaje, aumentando el riesgo de inundaciones durante la temporada de lluvias. Además, la contaminación visual generada por la propaganda política se traduce en estrés para los ciudadanos, según Jorge Negrete, quien lidera una fundación dedicada a la preservación del paisaje urbano.
A pesar de que la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) estipula que los partidos deben retirar su propaganda tres días antes del registro de candidatos, esta normativa a menudo no se cumple. Los esfuerzos de reciclaje y gestión adecuada de estos residuos también son insuficientes. La Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México (SOBSECDMX) ha anunciado que retirará la propaganda electoral en mayo, pero la efectividad de estas medidas está en entredicho.
Expertos como Gabriela Jiménez Casas abogan por la prohibición de la propaganda electoral impresa y sugieren el uso de herramientas digitales y redes sociales como alternativas más sostenibles. Esta transición no solo reduciría la cantidad de residuos, sino que también podría mejorar la eficacia de las campañas al llegar de manera más directa a los votantes jóvenes.
La crisis de la basura electoral en la Ciudad de México destaca la necesidad urgente de reformar las prácticas de campaña y adoptar enfoques más ecológicos para proteger el medio ambiente y la salud pública.


