Desde Mérida, el analista internacional Antonio Navalón advirtió que la actual coyuntura entre Estados Unidos y Cuba no es un episodio aislado, sino parte de una reconfiguración profunda del equilibrio político en el Caribe que ya está teniendo efectos directos sobre México y que, además, marcará el rumbo de los próximos años.
Navalón sostuvo que Estados Unidos “nunca ha renunciado al Caribe”, una región estratégica desde la Doctrina Monroe, y que hoy se está presenciando el cierre de un ciclo histórico: el ocaso definitivo de la Revolución Cubana como referente político regional.
“El problema ya no es ideológico, es financiero. Las revoluciones populistas sobrevivieron mientras hubo recursos. Hoy, esas maletas de dinero se están cerrando”, señaló.
Cuba: el fin de un símbolo
El analista recordó que, con todos sus claroscuros, la Revolución Cubana fue el único movimiento revolucionario exitoso del siglo XX en América Latina, encabezado por figuras como Fidel Castro y simbolizado internacionalmente por Ernesto Che Guevara.
Sin embargo, afirmó que el resultado final es desolador: un pueblo sometido por el hambre, por la precariedad y por la falta de expectativas.
“Es muy triste no por los herederos del poder, sino por el desenlace histórico de una revolución que nació como esperanza y terminó como ruina”, expresó.
Rubio, Trump y la nueva derecha estadounidense
Navalón consideró que el colapso del sistema cubano podría estar siendo utilizado como plataforma política para fortalecer el perfil del senador y secretario de Estado Marco Rubio, a quien ve como el único integrante del gabinete con proyección real hacia una futura candidatura presidencial.
No obstante, subrayó que el verdadero epicentro del poder sigue siendo Donald Trump, a quien describió como un fenómeno político sin precedentes: un líder que ha logrado concentrar el control del aparato gubernamental, diluyendo el peso tradicional de secretarías y contrapesos institucionales.
“Estados Unidos vive por primera vez la experiencia de estar gobernado por un presidente con antecedentes penales, y aun así mantiene el respaldo de millones. Eso es una señal clara de que la democracia no murió por los autócratas, sino por los malos gobiernos”, sentenció.
Democracia en crisis: el voto como castigo
Para Navalón, el auge del trumpismo no se explica solo por el carisma del expresidente, sino por el hartazgo social ante políticas fallidas, excesos ideológicos y una desconexión entre gobiernos y ciudadanía.
“La gente ya no está diciendo ‘deme derechos’, está diciendo ‘deme gobierno’. Ese es el corazón del problema”, apuntó.
En ese contexto, consideró que la agenda identitaria radical en Estados Unidos aceleró la reacción conservadora, especialmente entre sectores religiosos y familiares, convirtiéndose en uno de los motores del actual giro político.
Impacto para México
México, advirtió, no está al margen de esta transformación. La reconfiguración del Caribe, el debilitamiento de los regímenes aliados al populismo y la consolidación de una derecha nacionalista en Estados Unidos modificarán:
• La relación bilateral México–Estados Unidos.
• Las presiones en materia migratoria.
• El entorno económico regional.
• Los equilibrios políticos internos rumbo a futuros procesos electorales.
“No es un virus pasajero. Es un cambio definitivo. Lo que estamos viendo hoy es el nacimiento de un nuevo orden, todavía caótico, pero irreversible”, concluyó.
La conversación deja una certeza incómoda: el mundo posterior a la Guerra Fría ya quedó atrás, y el que está surgiendo aún no termina de mostrar su rostro. En medio de esa incertidumbre, México tendrá que navegar con cautela, entendiendo que los movimientos en Washington y en el Caribe inevitablemente terminarán repercutendo en casa.


