Las recientes derrotas del representativo mexicano, tanto en la categoría Sub-20 como en el equipo mayor, han sido un fuerte recordatorio de las carencias que enfrenta el futbol nacional cuando se mide ante potencias globales. Así lo advierten voces expertas y exjugadores nacionales ante los reveses sufridos frente a Argentina y Colombia, los cuales dejan al descubierto la distancia técnica, táctica y psicológica que México aún debe acortar para aspirar con seriedad en competencias de nivel mundial.
En el Mundial Sub-20, México fue eliminado con marcador de 2-0 frente a la Albiceleste en cuartos de final. Esa derrota se añadió al contundente 4-0 sufrido recientemente ante Colombia en Arlington, resultado que ha generado inquietud ante el panorama competitivo que aguarda al equipo en la antesala de la Copa Mundial 2026.
Analistas y exseleccionados como Luis García y Carlos Hermosillo coinciden en que México se ve cómodo dominando los escenarios de Concacaf, donde enfrenta rivales de menor perfil, pero cuando se mide con equipos de la elite suramericana o europea, la carencia se vuelve evidente. La diferencia no proviene sólo de talento individual, sino de consistencia táctica, fortaleza mental y líneas de juego mejor adaptadas al ritmo internacional.
Hermosillo, en particular, defendió la calidad de jóvenes como Gilberto Mora, Obed Vargas, Elías Montiel, Alexei Domínguez, Iker Fimbres y Emmanuel Ochoa, señalando que su valor está claro incluso cuando las derrotas pesan. Para él, esos nombres representan luces prometedoras, pero no bastan si el engranaje del equipo mayor no funciona con el mismo nivel.
Desde sus antecedentes, el jugador mayor no ha conseguido superar la barrera del “quinto partido” en torneos mundiales disputados fuera de México. Esa estadística refleja una especie de techo histórico que pesa cada vez que llega el momento decisivo. La única excepción ocurrió en México 1986, cuando el país fue anfitrión del torneo.
Ante este contexto, el seleccionador Javier Aguirre enfrenta una agenda complicada: deberá armar no sólo un equipo competitivo para las eliminatorias y partidos amistosos próximos (incluyendo duelos con Uruguay y Paraguay en noviembre), sino construir una estructura que permita que los jóvenes talentos del Sub-20 hagan la transición a nivel absoluto con coherencia.
Las derrotas recientes implican un llamado de atención. No se trata sólo de reconocer errores, sino de reactivarse con urgencia. En el futbol mundial, no basta con buenas intenciones o promesas. México está obligado a cerrar brechas, adaptarse al rigor internacional y construir un estilo competitivo que funcione tanto en torneos de Concacaf como frente a las verdaderas potencias.


