La Fiscalía de Durango confirmó la detención de Paloma Jazmín “N” y Víctor “N”, madre y padrastro de Paloma Nicole Arellano, la adolescente que falleció tras someterse a una cirugía estética con implantes mamarios. Ambos enfrentan acusaciones de omisión de cuidado, falsificación de documentos y usurpación de profesión; además, la fiscal indicó que podrían imputárseles cargos de homicidio una vez que concluyan los estudios patológicos.
Según la investigación, la operación fue realizada sin el consentimiento del padre de la menor, siendo la madre quien avaló el procedimiento. La Fiscalía detalló que durante el proceso se habría llevado a cabo una “maquinación” para ocultar la gravedad del estado de salud de la joven al padre, como hacer creer que padecía COVID u otros malestares menores. Se señala que Víctor “N” firmó tanto como médico como tutor sin contar con la autoridad legal para ello.
La víctima tenía 14 años cuando fue operada. Tras la cirugía y complicaciones médicas —incluyendo un paro cardiorrespiratorio, inflamación cerebral, coma e intubación—, la joven perdió la vida el 20 de septiembre.
Este caso ha generado una intensa polémica nacional, pues expone vacíos normativos en México en materia de cirugías estéticas en menores de edad. Aunque existen regulaciones generales en materia de salud, no hay criterios definidos que obliguen a valoraciones médicas, psicológicas o al consenso informado del menor según su grado de madurez. En respuesta, se ha presentado una iniciativa legislativa para reformar la Ley General de Salud con el objetivo de establecer lineamientos específicos en este tipo de intervenciones.
El doctor Jorge Tejada, especialista en cirugía plástica, expresó su sorpresa ante la realización de intervenciones estéticas en menores sin fines reconstructivos y sin supervisión legal clara. En México, el número de cirugías plásticas realizadas a menores podría superar las 280 mil al año, según datos de la diputada Patricia Flores.
En entrevista, el padre de Paloma Nicole, Carlos Arellano, denunció a la clínica, al médico y a la madre por haber autorizado la intervención sin su consentimiento. Él afirma que inicialmente fue engañado respecto al estado de salud de su hija y no estaba al tanto de la intervención quirúrgica.
Mientras el caso avanza, observadores advierten que esta tragedia podría marcar un antes y un después en la regulación de procedimientos estéticos en adolescentes, instando a las autoridades a cerrar las lagunas legales y garantizar mecanismos de protección efectivos para menores de edad.


