Tal vez por aquello de haber perdido el pelo que nuestros primos los simios aún conservan, el cuerpo humano es extraordinariamente bueno disipando calor. Por eso, desde el principio de los tiempos, nos hemos decidido por cubrirlo con tejidos que destaquen por todo lo contrario: conservar el calor.
Hasta el momento, la industria del ropaje ha tenido por tanto mucho que ver con mantenernos calentitos. Y para ello hemos usado pieles, plumas, lana… cualquier cosa que fuera capaz de crear una balsa de aire caliente sobre nuestra piel. Sin embargo, cuando el reto consiste en mantenernos frescos, la dificultad de encontrar un tejido que nos haga creer que no existe tejido alguno es mucho mayor.
Y seguro que habéis oído hablar de tejidos de nueva generación que aprovechan nuestros avances tecnológicos para mantenernos frescos, el problema es queempiezan a funcionar cuando comenzamos a sudar. Sin embargo un equipo de científicos de la Universidad de Stanford acaba de sorprendernos con un nuevo enfoque que además hará las delicias de los ecologistas, ya que emplea materiales reciclados para mantener nuestra piel fresca incluso antes de que empecemos a sudar. ¡Y no se trata de un concepto complicado! De hecho su nuevo enfoque es pasivo, es decir no requiere de bombas o ventiladores.
¿Cómo funciona? Bien, el cuerpo humano pierde calor a través de la radiación infrarroja (o termal). Estas ondas normalmente se ven bloqueadas o reflectadas por nuestra ropa. Existen algunos materiales, como las láminas flexibles de plástico transparente, que permiten que las ondas termales las atraviesen y escapen de nuestro cuerpo. El problema es que también dejan entrar a la luz visible, lo cual no suele hacer gracia a los pudorosos como es lógico. ¡No todos somos divas que aman las transparencias!
Pues bien, el nuevo desarrollo de este grupo de científicos emplea uno de los plásticos más comunes: el polietileno, pero aplicando un truco ideado por los ingenieros para que el tejido consiga: 1, permitir escapar al calor y 2, no dejar entrar a la luz. ¿Cómo lo han conseguido? Dándose cuenta de que si el plástico cuenta con poros de cierto tamaño, se pueden conseguir ambos objetivos, ya que los poros diseminan la luz visible dándole al tejido un aspecto sólido y blanco (véase en imagen superior, nanoPE junto a algodón).
El tejido que han logrado con este método es más eficiente radiando calor que el algodón, de hecho en los laboratorios consiguió que la piel artificial con la que realizaron el experimento se mantuviese 2,7 grados más fresca. Podría parecer que este es un logro muy modesto, pero en temas relacionados con la temperatura hasta los pequeños números cuentan. Una diferencia de unos pocos grados en la temperatura de un edificio, por ejemplo, puede llevar a un ahorro energético de hasta el 45% a la hora de refrigerarlo.
Resumiendo, ahora por fin podremos perder calor sin tener que quitarnos la camiseta. Algo que sin duda agradará a los barceloneses, hartos de ver a turistas “a pecho descubiero” por sus calles.


