Según Insurance Insider, Disney (propietaria de la franquicia Star Wars) y Lucasfilm firmaron un contrato de protección de la actriz por valor de 50 millones de dólares (unos 48 millones de euros). De modo que, tras el fallecimiento de Fisher, ambas compañías deberían percibir la astronómica suma.
Esta póliza singular, firmada con la aseguradora Lloyd´s of London, fue creada para proteger a Disney en caso de que Fisher no fuera capaz de completar sus rodajes para la franquicia.
La actriz regresó a su mítico papel de la princesa Leia -o la general Organa- en Star Wars VII: El despertar de la fuerza (2015). Y aunque ya se ha confirmado que había terminado de rodar todas sus escenas para Star Wars: Episodio VIII, también se esperaba que apareciera en el Episodio IX, cuya producción aún no ha dado comienzo.
El fallecimiento de Fisher fue comunicado de forma oficial por su propia familia, que en menos de 48 horas tuvo que dar una segunda mala noticia: la muerte de Debbie Reynolds, madre de Fisher y protagonista del clásico Cantando bajo la lluvia.
El hermano de Carrie -e hijo de Debbie- Todd Fisher ha confesado en el programa 20/20 de la cadena ABC: “Creo que [Debbie] quería estar con ella. No bromeo cuando digo que se marchó para estar con ella, y me alegro. Es lo único de lo que me alegro”.
La última película de Carrie Fisher, Star Wars: Episodio VIII, se estrenará el 15 de diciembre de 2017.


