Por: Cristina Padín.
…Abajo el mar se deshacía contra la roca en mil gotas de espuma. El azul del cielo se confundía con el azul de las olas. Si fuera cuadro sería en blanco y marino, y lleno de vida… Arriba, en el borde del acantilado, la iglesia desafiaba el paso del tiempo, de los tiempos, de los malos momentos, pura y bella, firme…
Cada tarde tres anciana acudían a misa. A una le costaba mucho caminar, pero no faltaba un día. A veces iba también un joven del pueblo que era novillero, muy devoto y muy alegre… y también una adolescente con un hermano muy enfermo en casa… Ella escribía corazones en los cuadernos, y cuidaba mucho a su hermano.
El paraje era de una belleza extrema. Salvaje y a la vez dulce, vivo, sentido! Un lugar donde el silencio acariciaba canciones de anhelos… Un sitio donde mar y sol se daban la mano en danza única… Y, allí, en el respeto, en las mañanas, en la soledad, en la inmensidad… crecía la oraciòn y nacían los sueños…
Dedicado a mi amado México, con vosotros en el corazòn
Dedicado a Carmen, Rocío y Luis
Dedicado a las personas a las que le gustan las iglesias y las iglesias en el mar
Dedicado a mi Luisito
A Lourdes
A los sueños… a los soñadores…


