El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, calificó como “un tiro en el pie” la amenaza del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer un arancel del 25% a las importaciones mexicanas en caso de que no se adopten medidas para frenar la migración hacia territorio estadounidense. Según Ebrard, esta propuesta no solo impactaría negativamente a México, sino que también tendría consecuencias severas para la economía de Estados Unidos, particularmente en el sector automotriz, uno de los pilares industriales más importantes del país vecino.
Ebrard argumentó que el impacto de los aranceles sería devastador para las cadenas de suministro altamente integradas entre ambas naciones. Esto afectaría gravemente a las principales armadoras automotrices como General Motors, Ford y Stellantis, que dependen de las plantas y proveedores ubicados en México para garantizar su operación. La imposición de aranceles de esta magnitud alteraría profundamente estas cadenas de producción y logística, generando un efecto dominó que perjudicaría tanto a empresas como a trabajadores en ambos países.
El sector automotriz sería uno de los más perjudicados, dado que México juega un papel crucial en la manufactura de componentes esenciales y el ensamblaje de vehículos para el mercado estadounidense. Desde 1961, las importaciones de productos mexicanos hacia Estados Unidos se han cuadruplicado, reflejando la creciente integración comercial y económica. Ebrard advirtió que el establecimiento de aranceles podría elevar significativamente los costos de producción, afectando los precios finales de los vehículos y reduciendo la competitividad de las empresas estadounidenses en el mercado global.
Además, estimó que esta medida podría provocar la pérdida de hasta 400,000 empleos en Estados Unidos, particularmente en estados clave como Michigan, Ohio y Texas, donde la industria automotriz representa una fuente importante de empleo e ingresos. Estos aranceles no solo lastimarían a México, sino que pondrían en riesgo miles de empleos estadounidenses. Esto tendría un impacto significativo en la economía de Estados Unidos, además de generar un alza en los precios de los vehículos para los consumidores finales.
Más allá del impacto en la industria automotriz, Ebrard señaló que la imposición de aranceles abriría la puerta a represalias comerciales por parte de México, intensificando las tensiones entre ambas naciones. México es actualmente el principal socio comercial de Estados Unidos, con un intercambio bilateral que supera los 700,000 millones de dólares anuales. En este contexto, medidas unilaterales como las propuestas por Trump podrían desestabilizar esta relación económica y generar incertidumbre en los mercados financieros. Esto pone en riesgo una de las relaciones comerciales más importantes del continente, subrayó el secretario.
Ebrard reiteró la disposición del gobierno mexicano para dialogar y buscar soluciones conjuntas a los desafíos compartidos, incluyendo el tema migratorio. Subrayó que México ha demostrado su compromiso con la cooperación bilateral en temas críticos como el comercio, la seguridad y la gestión de flujos migratorios, y que cualquier medida debe ser el resultado de un entendimiento mutuo y no de decisiones unilaterales.
El secretario concluyó enfatizando que las amenazas de aranceles no solo representan un desafío económico, sino también una prueba para la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Hizo un llamado a la administración de Trump para reconsiderar su postura y trabajar en conjunto con México para abordar los problemas de manera constructiva y respetuosa. Un arancel del 25% no es la solución. Lo que necesitamos es una política que beneficie a ambos lados de la frontera y que fomente la estabilidad económica y social. México está dispuesto a dialogar y colaborar, pero siempre con respeto mutuo y con un enfoque en el bienestar de nuestras poblaciones.
La advertencia de Ebrard subraya la complejidad de las relaciones económicas entre México y Estados Unidos, y pone de manifiesto la necesidad de soluciones integrales y coordinadas que eviten daños innecesarios a las economías de ambos países. En un mundo cada vez más interconectado, las acciones unilaterales podrían tener consecuencias que trascienden las fronteras, afectando tanto a los consumidores como a los trabajadores en ambos lados de la frontera.


