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EL ESPAÑOL MARCO PÉREZ SALE EN HOMBROS TRAS CORTAR DOS OREJAS EN TLAXCALA.

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Como no sucedía hace ya un buen tiempo, la noche de este viernes, la plaza de toros Jorge “El Ranchero” Aguilar registró un entradón, en la que incluso hubo la necesidad de reembolsar el dinero a los aficionados que por obvias razones no pudieron llegar a sus localidades, una noche de gran ambiente y expectación para disfrutar de este festejo, en el que se jugó un encierro de José María Arturo Huerta, fino, muy bien hecho, rematado en carnes, de irreprochable presentación, del que lamentablemente sólo funcionó el corrido en sexto lugar, pues a los cinco primeros les faltó casta y fondo.

Luego del paseíllo, se rindió un emotivo minuto de aplausos, en memoria del arquitecto Mario del Olmo Sánchez, quien falleciera el pasado jueves.

El primero, “Fuego Vivo”, de 484 kg. Para Octavio García “El Payo”, lo recibió con un saludo a la verónica, posteriormente, el diestro queretano brindó su actuación a su apoderado Mario del Olmo, en un gesto solidario, por el fallecimiento de su padre acaecido apenas unas horas atrás. Con la muleta, el Payo mostró disposición y clase tratando de aprovechar las escasas embestidas de su enemigo que se desplazó con nobleza pero al que le faltó fuerza.

El Payo, planteó una faena estructurada, cuidando los tiempos y administrando las distancias para sostener la acometida del astado. Hubo pasajes de mérito, especialmente por el pitón derecho, donde el toro repitió con mayor claridad, permitiendo tandas ligadas y de trazo limpio. El torero apostó por la técnica y la colocación, consciente de que el ejemplar requería conducción precisa para no venirse abajo. Lamentablemente falló con la espada en varios intentos, el público sin embargo, reconoció el esfuerzo y la disposición del diestro con palmas al retirarse. “Fuego Vivo”, por su parte, fue despedido entre aplausos en el arrastre.

“Silencioso”, de 476 kilos, primero para Diego Silveti, lo recibió con una serie de verónicas de manos muy bajas, templadas y estéticas, que arrancaron los primeros gestos de aprobación por la plasticidad del trazo. El matador consiguió buenos momentos en la muleta, especialmente cuando logró bajar la mano y tirar del burel con firmeza, construyendo series con temple y calidad. Silveti corrió la mano y terminó por conseguir una actuación sólida, calando en los tendidos. En la suerte suprema, Diego señaló un pinchazo en el primer intento. Pese a ello y reconociendo el esfuerzo del torero, fue despedido entre aplausos.

Marco Pérez mostró actitud y determinación ante su primero, un toro noble pero de medias embestidas, que al igual que sus hermanos acusó falta de recorrido y transmisión y nunca terminó por definirse.

El toro se quedaba corto y ofrecía medias embestidas, lo que obligó a Pérez a apostar por muletazos cortos, para evitar que el astado se viniera abajo. Poco a poco logró estructurar la faena y, hacia el final, consiguió dos tandas de mayor calado, con pases más largos y mejor ligados, aprovechando los momentos más claros de un toro de comportamiento irregular y por momentos desconcertante. En la suerte suprema no estuvo acertado. El toro fue premiado con arrastre lento.

Diego Silveti firmó una actuación de mérito ante el quinto de la noche, “Cenizo”, con 526 kilos, un ejemplar que ofreció mayores posibilidades y permitió al diestro mostrarse con mayor plenitud. Desde el saludo capotero dejó constancia de su disposición, dibujando verónicas templadas y de buen trazo, rematadas con un vistoso quite por gaoneras que encendió el ambiente en los tendidos.

Con la muleta encontró un toro con más recorrido y entrega, lo que le permitió estructurar una faena de pasajes interesantes y tandas bien logradas. Silveti corrió la mano con suavidad, toreando despacio y con largueza, especialmente por el pitón derecho, donde consiguió momentos de mayor conexión con el público. La actuación tuvo serenidad y firmeza, apostando por el temple y la buena colocación para aprovechar la inercia del ejemplar.

En el tramo final, cerró su labor con manoletinas ajustadas que mantuvieron la intensidad de la faena. Sin embargo, falló con la espada, lo que diluyó la posibilidad de un resultado mayor, quedando todo en palmas y dejando escapar un triunfo importante.

Cerró plaza, “Fervor”, de 468 kilos, con el que Marco Pérez dibujó un buen saludo con el capote. El toro, con recorrido, fondo y nobleza, permitió que Pérez, dejara aflorar su toreo clásico, cayendo con el pie derecho ante la afición tlaxcalteca. Una faena pausada, buscando el equilibrio y sobre todo que el toro no perdiera pasos. Tuvo esa facilidad con la muleta en una actuación por derecha donde reinó el temple y la calidad. Pasaportó al segundo viaje, para así cortar dos orejas.

Este sábado, muy temprano Diego Silveti viaja a la ciudad de León, donde compartirá cartel con el ibérico Daniel Luque y el queretano Diego San Román para estoquear un encierro de Villa Carmela.

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