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El espejismo de las encuestas

Editorial La Revista Peninsular
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Por: La revista peninsular

El papel de las encuestas en los procesos electorales ha sido un tema de amplia discusión en años recientes. Estas herramientas han perdido confiabilidad en el ámbito electoral tras imprecisiones en elecciones importantes lo cual ha propiciado que se emprendan esfuerzos para identificar los motivos de estos errores. Aunque han demostrado ser una de las herramientas más útiles para obtener información del electorado, es de advertir que pueden traer consecuencias negativas a quienes no comprendan su función en la democracia.

La elección presidencial del 2016 en Estados Unidos marcó un parteaguas en cómo se realizan e interpretan las encuestas en el ámbito electoral. Prácticamente todas las encuestas previas a la elección aseguraban que la ganadora sería Hillary Clinton pues contaba con un mayor nivel de aprobación que Donald Trump. No obstante, Trump sorprendió a los norteamericanos, e incluso al mundo, con un histórico triunfo sobre la candidata demócrata.

Ante el evidente desatino de los encuestadores, fue necesario que expertos en la materia analizaran las razones de lo ocurrido.

Al llevar a cabo el análisis, se muestran los resultados de las encuestas realizadas a nivel nacional eran correctos pues señalaban que Hillary Clinton, respecto al nivel de aprobación, aventajaba a Donald Trump por tres puntos porcentuales. Clinton venció al republicano en el voto popular por una diferencia similar a la indicada en las encuestas, pero recordemos que en Estados Unidos la votación del Colegio Electoral determina al ganador de la contienda y este sufragó a favor de Trump.

Las inconsistencias fueron encontradas a nivel estatal, principalmente en las entidades que fueron clave en la elección. Quienes organizaron las encuestas estatales, a diferencia de quienes organizaron las nacionales, destinaron menos recursos al ejercicio e hicieron uso de técnicas más modestas. Una de las principales deficiencias de estas metodologías fue que los grupos de personas encuestadas no representaban adecuadamente la diversidad del electorado norteamericano.

Lo anterior significó que se encuestó a más demócratas que republicanos. Esta situación no se puede reprochar enteramente a los encuestadores pues existen factores sociales que lo propiciaron. Uno de estos factores se refiere a que los demócratas son más accesibles y propensos a participar en encuestas que los republicanos. De igual manera, influyó el fenómeno denominado “votante tímido” el cual se utilizó para referir a quienes simpatizaban con Trump, pero preferían mantener en secreto su intención de voto.

Si bien, los dos factores mencionados no fueron ocasionados por los encuestadores, sí se les criticó el no haber analizado a profundidad el panorama electoral estadounidense para consolidar grupos suficientemente diversos.

La elección del 2016 les dejó muchos aprendizajes a los encuestadores respecto a cómo lograr mayor precisión en sus ejercicios y, aún más importante, les recordó a políticos y ciudadanos una lección elemental: las encuestas brindan información sobre la opinión de las personas en un tiempo específico , pero no dicen mucho sobre su comportamiento a futuro.

A pesar de no ser un indicador fiable de los resultados de una elección, sería un error prescindir de las encuestas en los procesos electorales pues es una de las herramientas más útiles para obtener información de los votantes. Mediante estas, podemos conocer sus motivaciones, los temas de discusión que les interesa escuchar, si tienen intención de votar o incluso su opinión sobre los candidatos. Ahora bien, los problemas surgen cuando las personas se preocupan más por las encuestas que por las elecciones pues para los ciudadanos implican definir el sentido de su voto con base en información parcial y para los candidatos es una sentencia a la derrota en las urnas.

Las encuestas son un aspecto básico de las elecciones y, aunque se han observado inconsistencias en los datos que arrojan, las aportaciones que hacen a los procesos democráticos son de suma valía. Ahora que en México nos encontramos en la temporada de campaña, tengamos presente que el objetivo de las encuestas no es ganadores predecir, sino mostrar las preferencias de los votantes en un momento determinado. Entonces, cometen un error quienes toman los resultados de las encuestas como escenarios por acontecer, ya que estas solo son imágenes de la película completa que llamamos proceso electoral.

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