Por: Cristina Padín.
Le llamaban el Enredador porque no sabían decir Emperador. Y también porque él no era emperador… aunque creyera que sí. Cuando la Aldea se dividió en dos unos se quedaron en el lado malo del cuento. Al Enredador le gustaba comer bien, beber mejor, sentirse privilegiado, presumir, y alabarse a sí mismo.
Antes de que llegara la primavera se celebraba un evento…
La otra parte de la Aldea, la sensata, organizó una corrida de toros. Era excelente. Torearon Alejandro Talavante y Ángel Téllez. Mano a mano… y triunfaron los dos toreros. Hubo un recital de poesía taurina y una verbena con música tradicional. Se sortearon capotes y libros y todo salió muy bien.
Al Enredador le visitaron unos hombres. Los hombres de gris. Y le explicaron en qué consistía el evento que le proponían. Era algo sublime y magnífico. Le mostraron fotografías. Él no entendía nada… Pero su ser tan ególatra le impedía reconocerlo. El evento sería muy superior a la corrida de toros…
…y llegó el día de la celebración. Se reunió a la población en el campo de fútbol. Pasaban los minutos… y no pasaba nada. Los hombres de marrón aplaudían! Decían que jamás se había visto algo tan hermoso. Nadie veía nada. No sucedía nada. Pero aquellos seres decían que era todo muy bello…
El Enredador también lo afirmó… Y todos dijeron que sí, que era algo magistral!!!
Como homenaje a El traje
nuevo del emperador
Me apeteció mucho componer
esta historia
Aborrezco la falta de humildad
y la egolatría
Al toreo
A mi mago y a Ángel Téllez
A la serenidad y a la verdad
A Valencia y su mascletá
A M, B, M, E, F, A, I, JM, JC, V y P
A Luis y a su nuevo amigo Joan
A los cuentos
A la música y a los libros


