Los vecinos del departamento del Caquetá, uno de los más castigados por
la guerra con las FARC, tenían su voto claro una semana antes de que se
celebrara el plebiscito de este domingo: No. Han vivido la violencia, la
extorsión y el secuestro y no estaban dispuestos, como así han demostrado en
las urnas, “a perdonar sin cárcel”. A sus vecinos del Meta tampoco les ha
servido el ofrecimiento del líder de la insurgencia Timochenko el pasado 26 de
septiembre en la firma final en Cartagena. Su
dolor ha sumado más de seis millones de votos. Suficientes para ganar. Ni las
FARC ni el Gobierno de Juan Manuel Santos han sido capaces durante los últimos
cuatro años de convencer a los colombianos de que sus acuerdos eran una
alternativa a medio siglo de conflicto armado.
La apuesta por el No de estos dos grandes departamentos del sur de
Colombia, una de las zonas más afectadas por la violencia, no ha estado
respaldada por otras regiones igual de golpeadas como el Cauca, el Guaviare o
Sucre, entre otras. Los ciudadanos de estos departamentos sí creyeron en la
palabra de los guerrilleros que en diversos actos se disculparon ante la
población. Lo hizo el comandante Pastor Alape en Bojayá, donde un cilindro explosivo cayó sobre una iglesia y
provocó una masacre. Iván Márquez, jefe negociador en La Habana, viajó a La
Chinita, en Apartadó, donde hace 22 años fueron asesinadas 35 personas para mostrar sus condolencias en nombre de su grupo armado.
4 horas de que los
colombianos acudieran a las urnas, las FARC anunciaran que iban a declarar sus “recursos monetarios y no
monetarios” para destinarlos a la reparación de las víctimas. Hasta
ese momento, la guerrilla había asegurado que no contaba con capacidad
económica para contribuir a la financiación del postconflicto. El inventario
iba a realizarse durante el período de concentración de los guerrilleros en las
zonas veredales. En estas áreas, el mecanismo de seguridad de la ONU tenía la
misión de verificar la entrega de las armas. La guerrilla, en otro gesto que
dado los resultados electorales también parece tardío, se había adelantado a
esta fase destruyendo de más de 600 kilos de explosivos.
La ley de amnistía y el punto 5 de los
acuerdos en los que se define la Justicia Especial por la que se juzgaría a la
insurgencia y al resto de actores involucrados en el conflicto parece haber
sido igual de determinante en el resultado. “La impunidad de la paz”, ha sido
el argumento más usado por el expresidente Álvaro Uribe y los miembros de su
partido, el Centro Democrático, para aglutinar el rechazo al proceso de Santos.
En Medellín, bastión uribista, era habitual escuchar, los días previos a la
celebración del plebiscito, el enfado ciudadano porque “los guerrilleros no
iban a pagar cárcel”.
Las FARC, a través de su comandancia, han asegurado los últimos
meses que no volverían a la guerra. En su cuenta de Twitter, el canal oficial
de comunicación de la guerrilla, lo último que se puede leer a la espera de una
declaración pública es: “#SiALaPazEnColombia El amor que llevamos en el corazón
es gigante y con nuestras palabras y acciones seremos capaces de alcanzar la
paz”.


