Por: Cristina Padín.
Y en aquella ocasión no el mendigo. Estaba la princesa buscando novio. Tiempos mucho más modernos. Era pelirroja, ávida lectora, estupenda deportista, libre y con buenas y propias ideas (detestaba a los que piensan lo que les ordenan).. adoraba a Tanxugueiras, el color azul, las frambuesas…
El que la acompañaba le sugería que a cada aspirante a príncipe le mandara probarse un traje…
Pero ella hacía otras cosas. Al primero le pidió que madrugara al día siguiente para ir juntos a ver amanecer. Se le pegaron las sábanas y ella dijo no. Al segundo le preguntó qué opinaba de El principito. Y él, arrogante y muy ignorante, pensó que se refería a él. Tan apuesto en su atuendo… ella dijo no y no.
Rechazó al que se pasaba la mañana en el gimnasio porque no leía nada y se le notaba, al que detestaba el fútbol porque ella amaba el deporte, y al que debía dinero a los compañeros porque aborrecía esas conductas. El último le encantó. Sabía torear, sabía pintar, sabía escuchar. Sabía estar.
Y fueron felices y se marcharon a cenar sushi.
Una versión moderna de un cuento clàsico
Más cultura, más educación, más pureza. Menos postureo y menos tontería
A los libros
A los cuentos
A los M
Al toreo
A Tanxugueiras
A mi amiga Ana, que ama la música y aborrece la tontería
A mi querido Luis
A la gente que piensa
A mi mago
A Carlos
A Eva
Y a la valentía


