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El riesgo de falsificar estadísticas oficiales: la advertencia que enfrenta EE. UU.

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La reciente destitución de Erika McEntarfer como directora de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha generado inquietud tanto a nivel nacional como internacional. La decisión del presidente Donald Trump de sustituir a una funcionaria de carrera por un simpatizante político, tras la publicación de cifras de empleo menores a las esperadas, ha reavivado el temor a la posible manipulación de datos oficiales en la mayor economía del mundo.

Aunque la Casa Blanca asegura que el despido no tuvo fines políticos, los analistas advierten sobre los riesgos de intervenir en organismos técnicos. “El presidente Trump acaba de dar un paso muy negativo en una pendiente resbaladiza”, afirmó Alan Blinder, exvicepresidente de la Reserva Federal. “La próxima preocupación será la manipulación de los datos”.

La portavoz presidencial, Taylor Rogers, sostuvo que “el presidente Trump cree que las empresas, los hogares y los responsables políticos merecen datos precisos que les permitan tomar decisiones informadas, y restaurará la confianza de Estados Unidos en la BLS”. Sin embargo, para muchos expertos, esta narrativa resulta insuficiente frente a los precedentes históricos de países que sí manipularon sus estadísticas oficiales, como Grecia y Argentina.

Grecia admitió en 2004 haber falsificado sus cifras de déficit para cumplir con los criterios de entrada en la eurozona en 2001. Años más tarde, Andreas Georgiou, nombrado director de la agencia estadística griega en 2010, intentó corregir las cifras manipuladas. Esto le valió años de litigios, pese a que sus acciones buscaban transparentar la situación fiscal del país. La desconfianza generada provocó que los prestamistas internacionales exigieran intereses más altos, lo que agravó la crisis económica de 2008 y 2009.

Por su parte, en Argentina, los datos de inflación y crecimiento económico han sido puestos en duda durante décadas. La destitución de un funcionario por informar sobre el aumento real de precios en 2007, durante el gobierno de Néstor Kirchner, marcó el inicio de una era de desconfianza en las cifras oficiales. Como resultado, el país fue castigado con una calificación crediticia baja y dificultades sostenidas para acceder al financiamiento internacional.

A diferencia de Grecia o Argentina, la economía estadounidense representa más de 30 billones de dólares y sigue en expansión, con una tasa de crecimiento anualizada del 3% en el segundo trimestre de 2025. “Somos la economía más grande del mundo. Somos, por mucho, el mayor centro financiero del mundo”, declaró Robert Shapiro, exsubsecretario de Comercio para Asuntos Económicos.

Pese a las recientes controversias, expertos como Michael Heydt, de Morningstar DBRS, insisten en que “no hay sustituto para los datos gubernamentales creíbles”, recordando que la BLS ha sido históricamente considerada una institución de clase mundial.

William Beach, excomisionado de la BLS durante el primer mandato de Trump, también rechazó la posibilidad de manipulación. “Es imposible que McEntarfer u otros alteren los datos. Para cuando el comisionado ve la cifra, ya está preparada y bloqueada en el sistema informático”, afirmó.

No obstante, las revisiones sustanciales realizadas por la BLS en el pasado, como la corrección de más de 800.000 empleos reportados entre 2023 y 2024, han encendido alertas sobre posibles debilidades metodológicas. “Varios economistas y equipos de investigación con los que colaboro personalmente han señalado estos problemas estructurales mucho antes de la intervención de Trump”, explicó Kathryn Rooney Vera, economista de la firma StoneX.

Otro factor que pone presión sobre la BLS es la disminución de su presupuesto. Con menos personal, la agencia ha tenido que reducir la recolección de ciertos datos, lo que podría demorar la precisión de las cifras iniciales. “Las empresas más grandes suelen responder primero; las más pequeñas quedan rezagadas”, indicó Shapiro, en alusión a los desfases que originan revisiones posteriores.

A pesar de todo, Estados Unidos cuenta con instituciones adicionales como la Oficina del Censo y la Oficina de Análisis Económico, cuya labor estadística se mantiene, según Shapiro, “completamente apolítica”.

En definitiva, si bien no hay evidencia concreta de manipulación de datos en Estados Unidos, el solo temor a esa posibilidad ya plantea una amenaza. La experiencia de Grecia y Argentina demuestra que cuando se pierde la confianza en las estadísticas oficiales, los efectos pueden ser devastadores tanto para los mercados financieros como para la ciudadanía. Como advirtió Blinder: “Está en juego la salud de una economía de la que dependen casi todos los habitantes del planeta”.

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