Por: Cristina Padín.
Quisieron que les dijera hola. Tal vez darle un par de besos. Una fotografía para recuerdo o simplemente cambiar unas palabras. Se veían personas humildes. Admiraban mucho a aquella persona. Que era un hombre, en esta historia. Viajaron desde un pueblo lejano para poder verle y tener esa opción de disfrutar un momento agradable y diferente. Nadie lo supo ni nadie tenía que saberlo… pero eran seres de sueldo escaso y de trabajo duro.. y se gastaron un importante dinero en aquella jornada.
Y fue redonda y perfecta. Bella. Como Ronda, por ejemplo…
El tipo se mostró cercano y afable, sencillo y magistral. Fue el saludo que ofreció uno de esos saludos que abrazan el alma y besan el corazón. Un saludo con palabras llenas de verdad y de afecto. Un saludo de los que se apellidan honestidad. Los que regalan paz y transparencia. El tipo era un señor, caballero real que no presume de serlo ni de ninguna otra cosa, y con su saludo mató la tontería y la arrogancia, tan feas ellas, acabó con la prepotencia y el no saber ser ni saber estar. Era alguien bueno, culto y educado.
El tipo existe y a la vez puede ser mil tipos. Puede ser un cantante, un político, un actor. Pero siempre hay que ser un torero con buenos lances. El tipo existe y es educado, y también existe la versión opuesta
A JM, porque sí, y a JM, por los detalles
A JC
Al toreo
Al saber estar
A los M: ole
A mi querido Luis
A mis amigas R, B, A, M
A los saludos
A mi Ronda y mis rondeños eternos
Y a los cuentos


