Consumir una dieta saludable y balanceada es una de las recomendaciones básicas de salud, aunque muchos no la siguen con el rigor que sería recomendable. Y en el ámbito de la opinión pública son bien conocidas las nociones de que consumir demasiados carbohidratos –vía, por ejemplo, azúcares y grasas–, demasiada sal o productos altos en conservadores artificiales y otros aditivos tiene efectos nocivos para el organismo.
¿Y las proteínas?
Al parecer, los estadounidenses están comiendo más proteínas de las que necesitan y aunque ese consumo no tendría los resultados contraproducentes de otros excesos alimenticios, no por ello resulta inocuo ni apropiado para todos. Tampoco quiere decir que sean en sí nocivos, y muchos de ellos pueden aportar beneficios a quienes los ingieren.
De acuerdo al portal Quarz, las empresas de la industria alimenticia han sacado gran provecho a la idea, cierta en su fundamento, de que las proteínas son necesarias y benéficas para el desarrollo corporal y se han apoyado en otra consideración, igualmente válida, de que el ejercicio físico y el atletismo son benéficos para la salud.
Así, han surgido multitud de productos ricos en proteínas, desde los suplementos alimenticos dirigidos a personas de gran actividad física, hasta barras, cereales y bebidas ricos en proteínas que son variantes de marcas y productos conocidos del consumidor.
La comercialización de esos productos proteínicos ha sido considerable y, por ejemplo, las ventas de productos llamados de ‘proteína deportiva’ y los suplementos nutricionales han crecido constantemente desde 2005 a la fecha y no dejaron de hacerlo incluso durante la pasada Gran Recesión. Para 2017, señala Quarz citando diversas fuentes, el gasto del consumidor en polvos, barras, bebidas y otros productos cargados con proteínas alcanzará los 10,500 millones de dólares y se menciona que un 50% de los adultos estaría buscando añadir más proteína a su dieta.
El punto clave es cuántas proteínas requiere un organismo para mantenerse sano y activo y cuánto constituye un exceso. Aquí no habría un consenso, tanto por evaluaciones diferentes como porque cada persona requiere, dependiendo de la actividad que realice, cantidades diferentes de proteínas. Autoridades estadounidenses como el Departamento de Agricultura (USDA) o la Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) sitúan esa cantidad entre 0.66 gramos y 0.8 gramos, respectivamente, de proteína por kilo de peso de un adulto promedio. Y se habla que personas físicamente activas pueden requerir entre 1.2 y 1.7 gramos por kilogramo de peso. Los atletas de alto rendimiento necesitarían incluso más.
Pero la gran mayoría de las personas presumiblemente no requerirían esas grandes cantidades. Pero considerando los 0.8 gramos por kilo recomendados por la FDA, el consumo proteínico de los estadounidenses excedería presumiblemente lo necesario: un hombre promedio debería comer 71 gramos de proteína y una mujer promedio 60, según la FDA, pero el consumo real sería 99 y 68 gramos para la mayoría, respectivamente, de los hombres y mujeres adultos.
Esto no es malo en sí y en realidad un consumo apropiado de proteína combinado con ejercicio físico y disciplina puede propiciar la reducción de peso vinculado con grasas y el desarrollo muscular. Pero eso no es el caso tampoco de la gran mayoría de las personas, que con todo estarían consumiendo proteínas en cantidades que lucen generosas.
Los fabricantes de eso productos altos en proteínas han salido, así, muy beneficiados.
El otro aspecto clave es cuándo una gran cantidad de proteínas resulta contraproducente o nocivo para el organismo. En sí un alto consumo en proteína no generaría problemas si se da dentro de una alimentación y una actividad física balanceadas, pero cuando se deja de consumir otros productos de manera desproporcionada por privilegiar las proteínas o cuando se consumen altas cantidades de éstas pero al mismo tiempo se ingieren otros componentes en exceso (como azúcares y grasas) el resultado puede ser aumento de peso, elevado colesterol, deshidratación y problemas renales. Incluso se ha llegado a identificar ciertos casos de cáncer con un alto consumo de productos cárnicos y, por ende, de proteínas.
No todas las personas reaccionan igual ni ante las mismas cantidades de alimentos, por ello no habría una sola forma de abordar el asunto. Y muchos consideran que el alto consumo de proteína en Estados Unidos, en buena medida vía alimentos y suplementos enriquecidos, tiene que ver mucho más con la mercadotecnia en pos de incrementar las ventas de esos productos que por reales necesidades nutricionales.
Así, la premisa básica de mantener una alimentación sana y balanceada, obteniendo los nutrientes básicos mayormente de alimentos naturales y no de productos modificados o enriquecidos, sigue siendo muy válida.


