Por: Cristina Padín.
En el principio… todo era puro y limpio. Azul y blanco, plateado y dorado.. y la vida crecía sin prisa y también sin pausa. En marzo la hoja volvía a teñir de esperanza la primavera.. y el retorno de abril escribía sonetos de cereza en el alma.
En el principio no existía el mal.
Se celebraban en la localidad corridas de toros, dicen que hoy (siglos después) esas tardes son las que se festejan en Olivenza. En el principio, toscas y rudas, se
disfrutaban allí. El primer fin de semana de marzo. Cuando el sol regresaba para mandar.
En el principio había valentía. Y honestidad..
Pero tal vez a alguien aquello le resultó muy aburrido. Y creó la maldad. Entonces ya no todo fue blanco y azul, sereno y honesto. El que nada más latía por el dinero se hizo estafador; el que era amante del cotilleo y la mentira malmetió y destrozó amistades…
El que convivía mano a mano con la envidia trató de romper lo que es bonito… siempre el envidioso fue uno de los más asquerosos del reino. Y el que no tenía sentimientos se tornó peor, aborreció al diferente y despreció al pobre, era vacío y absurdo, esperpéntico!
Desde el principio el mal intenta que el bien no gane… pero no lo consigue. Se festeja Olivenza, y las luces de los vestidos de los toreros hablan de héroes y de verdad. Está el mal, sí, probablemente sentado en los tendidos de la plaza. Pero se lucha contra él..
En el principio y hoy el limpio es el bien!
A Olivenza
A la gente buena
A la gente que, gracias a Dios, no
malmete, no estafa, no desprecia
al distinto, no odia
A la amistad real (Monzels: viva el
helado)
Al toreo
A Juli: grande siempre
A mi mago, que torea mañana
para regalarme sus faenas por mi
cumpleaños
A la valentía
F, JM, JC, I, A
A mi querido Luis


