Por Marco Antonio Cortez Navarrete
El conflicto en Medio Oriente sigue siendo una de las zonas más volátiles del planeta. A pesar de las afirmaciones del presidente Donald Trump —quien aseguró tregua entre hebreos y persas—, pareciera contradecir su
narrativa.
Las recientes tensiones entre Israel e Irán, marcadas por feroces ataques cruzados y ataques paralelos en Irak, Qatar, ponen en duda que se haya alcanzado una tregua verdadera.
Mientras tanto, potencias como China y Rusia observan desde las sombras, calculando sus movimientos con la paciencia del tigre que mide a su presa.
Mientras Occidente se ocupa del frente diplomático y militar, China y Rusia optan por un perfil bajo, aunque con movimientos calculados.
Pekín mantiene una presencia económica cada vez más fuerte en la región, especialmente en Irán, con acuerdos millonarios de inversión energética y tecnológica. No obstante, evita tomar partido directamente en el conflicto Israel-Irán ya que sus intereses comerciales podrían verse comprometidos.
Rusia, por su parte, mantiene una postura ambigua. Moscú busca consolidarse como mediador en la región, aunque su prioridad estratégica sigue siendo su conflicto con Occidente por la guerra en Ucrania.
El conflicto en Medio Oriente está lejos de resolverse. Las declaraciones de paz, como las de Trump, pueden sonar esperanzadoras, pero no se sostienen ante la realidad del terreno.
Más que una victoria diplomática, lo que hoy existe es una tregua frágil y parcial, constantemente amenazada por intereses cruzados y agendas en competencia.
En tanto China y Rusia juegan una partida a largo plazo. No se involucran directamente, pero están atentos al desgaste de Estados Unidos y al reordenamiento de poder en una región clave para la energía, la geopolítica y el equilibrio global. En este tablero, la paz no es más que una pieza en disputa… y los tigres aún no han dado el zarpazo final.
Un abrazo y sean felices


