La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el 22 de febrero de 2026, fue aclamada por muchos como una victoria crucial en la lucha contra el crimen organizado en México. Después de años de lucha, el país finalmente alcanzaba un logro significativo, que incluso podría verse como un golpe estratégico hacia una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas del país. Sin embargo, tras el operativo que resultó en su muerte, el país fue testigo de una ola de violencia, narcobloqueos y un caos desmedido que nos hace preguntarnos: ¿En verdad ganamos?
La noticia de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, rápidamente fue celebrada como un paso firme en la guerra contra los cárteles. Considerado uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, su abatimiento representa un avance tangible en la desarticulación de estructuras criminales. Este operativo se veía como un golpe certero, no solo por el impacto simbólico de acabar con un líder tan emblemático, sino porque apuntaba a desmantelar el poder del CJNG en muchas regiones del país.
Sin embargo, apenas se confirmó su abatimiento, la respuesta del crimen organizado fue inmediata y coordinada. Narcobloqueos, enfrentamientos armados y el caos reinante en varias regiones del país reflejan una reacción inmediata de su organización, lo que hace evidente que el CJNG no era una estructura jerárquica simple. La violencia no solo continuó, sino que se intensificó, con consecuencias que ponen en duda si este golpe fue tan decisivo como se pensó.
El vacío de poder dejado por El Mencho se llenará, no por uno, sino por varios líderes interinos, lo que podría llevar a una guerra interna dentro del cártel. Este tipo de luchas por el poder, comúnmente, se traduce en más violencia y enfrentamientos en las calles, lo que pone a los ciudadanos en una posición aún más vulnerable.
Lo que parecía ser un avance en la guerra contra el crimen organizado podría derivar en una guerra mayor. Los cárteles no solo se limitan a ser grupos de narcotraficantes; son organizaciones con redes de poder, financiamiento y territorio. El abatimiento de El Mencho podría generar una reconfiguración aún más violenta del crimen organizado en México.
Si consideramos lo que ocurrió tras la muerte de El Chapo Guzmán, veremos un patrón similar: aunque se logró desmantelar una estructura importante, se crearon vacíos de poder que otros actores se apresuraron a llenar. Lo que esto significa para la sociedad mexicana es una posible escalada de violencia y caos, con cárteles y grupos criminales disputándose territorios, mercados y recursos. De ser así, este golpe podría ser solo el comienzo de una guerra más feroz de lo que se había anticipado.
El gobierno mexicano tiene la tarea de analizar más allá de la celebración inmediata. Si bien la muerte de El Mencho se presenta como una victoria en el papel, el costo de esta victoria podría ser demasiado alto. El control del país por parte del Estado se ve cada vez más desbordado por la magnitud de la violencia y las nuevas estrategias del crimen organizado.
Más que nunca, es necesario que el gobierno enfoque sus esfuerzos no solo en eliminar a los líderes del crimen, sino también en reformar las instituciones de seguridad, fortalecer el sistema judicial y, lo más importante, abordar las causas profundas del crimen: la pobreza, la impunidad y la corrupción.
La pregunta no es si El Mencho fue eliminado; la pregunta es ¿estamos preparados para enfrentar lo que viene después? A medida que observamos las reacciones violentas en las calles y la desestabilización que se experimenta, es claro que, aunque este golpe pueda parecer una victoria inmediata, el verdadero impacto solo se verá a largo plazo.
Eliminar a una figura tan poderosa como El Mencho puede desencadenar una serie de enfrentamientos internos dentro de su organización, lo que podría llevar a divisiones y fracturas en el CJNG. A largo plazo, esto puede tener efectos positivos, ya que debilitaría al cártel al desestabilizar su estructura y generar una lucha por el poder que podría llevar a una fragmentación interna.
En última instancia, aunque el costo de la violencia inmediata sea alto, el debilitamiento de una organización tan peligrosa y poderosa puede ser la clave para una victoria más duradera. Mientras los cárteles se enfrenten entre sí, la estrategia de golpear sus liderazgos es una jugada clave para desmantelar los imperios criminales, fragmentándolos y reduciendo su poder.
El futuro podría traer más violencia, sí, pero a largo plazo, este golpe podría ser un paso crucial hacia una recuperación del control estatal y el debilitamiento de los cárteles, algo que a muchos nos parece la única opción viable para lograr una paz más duradera en México.


