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Encuentro histórico entre el presidente de EE.UU. y el líder sirio inaugura nueva etapa diplomática

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En Washington el lunes 10 de noviembre de 2025, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, recibió en la Casa Blanca al mandatario de Siria, Ahmed al Sharaa, en un acto sin precedentes que marca el primer viaje de un jefe de Estado sirio al país norteamericano desde la independencia de Siria en 1946. 

El líder sirio al-Sharaa ingresó a la Casa Blanca por una entrada lateral y sin la ceremonia protocolaria habitual para visitas de ese nivel, lo que subraya la singularidad del encuentro.  Trump calificó a su huésped como un “líder muy fuerte” y señaló que Siria tiene la capacidad de convertirse en un país “muy exitoso”, pese al reto que representa la reconstrucción tras más de una década de conflicto armado. 

El contexto del recibimiento es igualmente extraordinario: al-Sharaa había sido retirado recientemente de la lista estadounidense de terroristas y su grupo, vinculado anteriormente al extremismo, fue objeto de sanciones internacionales.  Este cambio representa una redefinición geopolítica, ya que Washington busca restablecer relaciones con Damasco y promover un nuevo orden de alianzas en Oriente Medio.

Durante el encuentro se discutieron, según fuentes oficiales, mecanismos para desarrollar y fortalecer la relación bilateral, así como cuestiones regionales de interés común. Aunque no se informó inmediatamente de acuerdos específicos, se reveló que EE.UU. otorgó una prórroga de 180 días a la suspensión de sanciones (Ley César) impuestas a Siria, como señal de flexibilización diplomática. 

La visita adquiere relevancia estratégica también por la ubicación de Siria, por su transición política tras la caída del régimen anterior y por el interés tanto de Estados Unidos como de sus aliados en el futuro de ese país. El hecho de que al-Sharaa sea el primer presidente sirio en pisar suelo estadounidense en casi ocho décadas añade peso simbólico al encuentro. 

Este suceso marca el inicio de una posible nueva fase en la diplomacia de Oriente Medio y podría tener efectos persistentes en el equilibro regional, en las sanciones económicas, en la reconstrucción de Siria y en las relaciones entre Estados Unidos y sus socios en la región.

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