La voz de Enrique Bunbury y su mensaje de crítica social retumbaron en el Auditorio Nacional, donde sus fans presenciaron un enérgico concierto perteneciente a su “Ex-Tour”.
El español (Zaragoza, 1967) subió al emblemático escenario de Ciudad de México con sus lentes de sol y vestido con un impecable traje blanco que llevaba una “X” en la espalda.
“¡México, buenas noches! ¡Gracias por acompañarnos!”, clamó con los brazos abiertos ante un público que permanecía con la emoción intacta, a pesar de que la última visita del artista fue este mismo año, en febrero.
El cantante prometió un espectáculo con algunos de sus temas más recientes, pero también hacer un recorrido por todas las etapas de su carrera, para lo cual seleccionó un repertorio de veinte canciones.
La noche, la primera de las tres que en esta ocasión ha cerrado en el Auditorio Nacional, empezó con una selección sacada de su reciente disco, “Expectativas” (2017), un grito de inconformidad que sirve, según reconoció el propio Bunbury, para “mover las neuronas”, además de las caderas.
“La ceremonia de la confusión” abrió un bloque que continuó con “La actitud correcta”, “En bandeja de plata”, “Cuna de Caín” y “Parecemos tontos”.
A continuación tocó algunos de los éxitos de trabajos anteriores, entre los que destacaron “El rescate”, “Despierta”, “El hombre delgado que no flaqueará más” y “Hay muy poca gente”, que los asistentes le ayudaron coreando los estribillos.
Emocionado, Bunbury escuchaba a las 10 mil personas del público con la mano en el corazón, y no cesó de darles las gracias.
Entre enérgicos movimientos, gestos teatrales y bailes, el artista llegó a uno de los momentos más esperados por el público: la interpretación de unos temas de Héroes del Silencio, banda que comenzó en la década de los 80 y lideró por más de una década.
Reconoció que en los últimos años no ha sido muy amigo de “mirar hacia atrás”, porque prefería tener la vista hacia delante, donde “está lo mejor”, pero que el disco acústico “El libro de las mutaciones” —grabado en México en 2015— “abrió la caja de Pandora”.
“Héroes de leyenda” fue la primera de las canciones “prehistóricas” (como él mismo las describió) que llevó al Auditorio, y pronto se le sumaron “Mar adentro” y “Maldito duende”.
Esta última la aprovechó para desatar su faceta de estrella del rock y subirse encima de los altavoces que estaban dispuestos ambos lados del escenario.
En mitad del concierto, Bunbury se quejó de la disposición del público, ya que dejaba un hueco considerable entre la zona preferente, pegada al escenario, y el área donde estaba el resto del patio de butacas.
“A mí no me gusta así, me gusta tenerles más cerca. ¡Déjenles pasar”, expresó el cantante, lo que llevó a que ríos de personas de la zona general se amontonaran en las primeras filas para ver de cerca a su ídolo.
Aparentemente ajeno al alboroto causado con sus palabras, Bunbury continuó el espectáculo con “Que tengas suertecita”.
Después de un “hasta luego”, regresó al escenario, esta vez con uno de sus característicos sombreros y un pañuelo al cuello, para comenzar con una recta final encabezada por “De mayor”.
El acordeón pasó al frente del escenario para llevar los compases de “El extranjero” e “Infinito”, y luego cedió el protagonismo a los teclados y el saxofón, que hicieron una introducción alternativa a “Sí”.
El recinto se tiñó de azul para el tema “Lady Blue”, y por último, el cantante pidió a los espectadores levantar sus celulares y dar luz, para ver “cómo luce la noche en Ciudad de México”.
Con este telón de fondo, Bunbury cerró el concierto cantando “La constante”, un himno al amor que pareció dedicar a su fiel público mexicano, del que se despidió con un “hasta siempre”.


