La Revista

Eterna(mente).

Cristina Padin
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Era una tarde deliciosa. Cálida, veraniega, azul, también blanca, también dorada. Corría julio hacia su precipicio y se asomaba agosto en el mar, en la arena de la playa, en la piel… Habían ido ellas a los toros, juntas, la tía a disfrutar los lances de Perera y la sobrina a aplaudir las faenas de Garrido… eran taurinas de corazón y flamencas de alma. De Cai, de Niña Pastori, de Antonio Carmona..

Y las dos tenían una cita…

Para la niña, casi adolescente, era la primera. El primer niño que la invitaba a pasear y a tomar un helado! Le gustaba mucho.. le sonreía con sonrisa breve, casi mística, cuando le veía en el arenal o en la calle. Para la tía no era la primera pero la ilusionaba tanto como si lo fuera.. Él era un junco moreno de palabras de terciopelo, le encantaban sus manos varoniles, su forma de fumar, su forma de caminar..

Se vestían juntas, se querían y se adoraban. Se hacían rizos en la melena y se ponían vestidos blancos de días de sol y esencia. Y usaban sus maravillosos perfumes. Eterna para la tía, unas gotas deslizándose por su piel bronceada, y dejando su huella de aroma especial, intenso, puro. Alba para la sobrina, fresco, juvenil, puro, limpio, olor a todo lo que es bello. Las dos eran fragancias de Vicky Martín-Berrocal..

Y salieron, felices, a la calle, al verano, a la vida..

Dedicado a Vicky Martín-Berrocal y sus fragancias divinas
A mi hermana
A mi Luis
A Carlos
A Sara
A Magaly
A Garrido y a Perera
A Niña Pastori y a Antonio Carmona
A Anya, de Cai
Y a mi flamenco

Cristina Padin
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