Hordas de bacterias resistentes a los antibióticos podrían estar en vías de esparcirse a gran escala, desencadenando infecciones y epidemias inquietantes por su virulencia y por la dificultad de contenerlas con los medicamentos disponibles.
Y aunque se trata de una hipótesis, que suena a argumento de película médico-apocalíptica, es un escenario que de acuerdo a investigaciones recientes podría cobrar realidad.
Entre las amenazas potenciales, que aunque no a escala general ya han afectado a miles de personas dentro de hospitales, figuran bacterias como el estafilococo dorado resistente a la meticilina (conocido como MRSA por sus siglas en inglés), un microorganismo que no cede ante los antibióticos más potentes y habría causado ya unas 18,650 muertes en Estados Unidos en datos de 2005 de la organizaciónMRSA Survivors Networks, que agrupa justamente a personas que padecieron y lograron curarse de una infección por ese patógeno.
Pero no se conoce a cabalidad en realidad cuántas personas han enfermado o fallecido a causa de infecciones causadas por bacterias resistentes y una investigación de la agencia Reuters mostró que muchas entidades del gobierno e instituciones hospitalarias no estarían haciendo lo suficiente para registrar y reportar apropiadamente esos casos, un paso indispensable para poder conocer la magnitud del reto y poder plantear políticas de salud pública apropiadas para encararlo.
Ejemplos revelados por Reuters ilustran esta preocupante realidad: certificados de defunción de cuatro personas en Virginia señalan que un bebé murió por complicaciones de una infección y una niña de tres años por complicaciones de la influenza, que un hombre de 27 años falleció por complicaciones tras un accidente de paracaidismo y que otro, de 64 años, murió por arritmia cardiaca tras un trasplante de hígado y riñón.
Pero esa agencia constató que esos y en otros casos el certificado no indica que esas personas fallecieron a causa de infecciones de bacterias resistentes a antibióticos, como consta en sus récords médicos. Eso provoca que las autoridades no cuenten con datos precisos sobre las causas de muerte de muchas personas y, en el caso del MRSA y otros microorganismos resistentes, no tengan a su disposición información amplia sobre la incidencia y los estragos de ese problema.
Muchos hospitales y médicos serían reacios a documentar claramente las causas de muerte de pacientes afectados por infecciones de bacterias resistentes porque eso, afirma Reuters, podría elevar el costo de sus responsabilidades legales, provocarles pérdidas económicas y daño en su imagen. Y, también, muchos certificados de defunción no son específicos o incluso citan causas equivocadas.
El problema es que esas consideraciones incubando un problema mayor al mantener en la opacidad la realidad y la potencial amenaza de las infecciones de bacterias resistentes. Sin datos confiables, la evaluación y las políticas sanitarias carecen de los elementos suficientes para obtener conclusiones y definir líneas de acción. Reuters incluso consideró que los estimados del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (DCD) sobre fallecimientos al año (unos 23,000) a causa de infecciones de 17 tipos de bacterias resistentes se habrían basado en tan pocos datos concretos que tendrían un muy amplio grado de inexactitud.
Para colmo, la investigación de la agencia indicó que en 24 estados y en Washington DC los Departamentos de Salud no contabilizan las muertes causadas por siete microorganismos resistentes. Sólo 26 estados exigen que se notifiquen los casos de MRSA y 17 los de otro microorganismo peligroso, la bacteria Clostrodium difficile. Connecticut es el único estado en el que, con apoyo del CDC, se da un seguimiento de cerca a los casos de muerte por MRSA: en sus datos se registraron casi el doble de fallecimientos por ese microorganismo que los que se contabilizaron con base en la información de los certificados de defunción en ese estado, de acuerdo a Reuters.
Eso da pie a suponer que, en el general del país, habría una discrepancia enorme entre el número de muertes sucedidas en el contexto de una infección por bacterias resistentes y los datos con los que se cuenta al respecto.
Con todo, sí existen datos que estiman, por ejemplo, la cantidad de casos de infecciones invasivas por MRSA en el país. El CDC ubica esa cifra en poco más de 72,000 al año. No todos, ciertamente, acaban en fallecimientos.
¿Habrá que esperar al perturbador escenario de que se dé un brote mayor de una epidemia causada por bacterias resistentes (hasta ahora por lo general contenidas a casos hospitalarios y afectando a pacientes que se encontraban débiles o inmunodeprimidos) para reaccionar? Ya se han dado pasos para atender el problema, pero la investigación de Reuters sugiere que no serían suficientes.
Por ejemplo, el CDC recibió 160 millones de dólares adicionales en 2015 para investigación y vigilancia al respecto, y a escala federal y estatal hay iniciativas para redoblar los esfuerzos para contener a las bacterias resistentes a antibióticos.
Pero haría falta más, en específico contar con un registro amplio y detallado de los casos de infección y de muerte relacionados con bacterias resistentes, para poder abordar el problema con información clara de la magnitud y peculiaridades del problema. Es una tarea compleja que no depende de una sola instancia (el CDC apoya a las autoridades estatales en ello, pero no puede por sí mismo realizar toda esa labor) pero que conviene ser abordada a fondo.


