Las niñas se habían levantado temprano. Y qué prontito habían pasado julio y agosto… en una semana empezarían las clases otra vez… Se reunieron en la piscina grande y juntas fueron a comprar el ramo. Ya eran mayores…
O un poco mayores… Con doce años ya se es lo suficientemente mayor como para saber ir a una floristería a pedir unas rosas. También para salir en grupo a comer un helado, y para dibujar un corazòn rojo en el cuaderno…
Un corazòn rojo al lado del nombre de un niño. Tal vez el amigo de un hermano mayor, o el vecino del 3B, o aquel muchacho tan tímido que vino una vez con los novilleros… El ramo era blanco: el color de la amistad y la pureza..
Rápidamente, antes de desayunar, se citaron con los chicos. Todo el grupo preparaba un regalo muy original. Cumplir doce años el día uno de septiembre es algo muy especial y bonito…
Digno de un gran regalo. Compraron entre todos un libro de caballos, una falda rosa de tul al estilo de las princesas y una caja de chocolate. Además de las flores… Sería un detalle impresionante!
Era todo muy lindo! Luego se acercaron a la playa y cada uno de ellos escribiò FELICIDAD en la arena mojada. Lo mejor que se puede desear es felicidad! Y tomaron fotografías de esas palabras…
Sí! Las imprimieron! Y se dirigieron en aquella mañana dorada y cálida a casa de la cumpleañera. Recordaría luego, en el invierno, su hermoso día de cumpleaños. Lo festejaría con amigos y en familia. Lo mejor!
Dedicado a Lourdes, en su cumpleaños
Dedicado al mes de septiembre
A los novilleros, en especial Pablo Aguado, al que veo en su alternativa, Alejandro Fermín y Carlos Corradini
A mi niño Luis
Y a la gente feliz


