Seguro que el presidente electo de Estados Unidos tiene muchas cosas que decir sobre Cuba y la muerte de Fidel Castro. Pero por ahora se las guarda para él. La única reacción de Donald Trump a la muerte del líder de la Revolución Cubana y mandatario en la isla caribeña hasta su retiro en 2006 ha sido decir “¡Fidel Castro ha muerto” desde Mar-a-Lago, en Palm Beach (Florida), donde tiene una mansión.
Donald Trump no pudo ser ayer más duro con el legado de Fidel Castro, a quien calificó de «brutal dictador» y le acusó de haber tenido un mandato caracterizado por «los pelotones de fusilamiento, el robo, el sufrimiento inimaginable, la pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales». El futuro presidente estadounidense, el mandatario internacional con un discurso más duro sobre Castro, recurrió incluso a un simbolismo sin precedentes. Recordó en su comunicado a los veteranos cubanos que invadieron Cuba en la Bahía de Cochinos y que ahora son el núcleo fundacional del anticastrismo en Florida, Estado en el que consiguió ganar a Hillary Clinton precisamente por sus promesas de endurecer la posición hacia Cuba.
Estas referencias a la historia, no obstante, dejaron una puerta abierta a apoyar cambios en la isla. «Si bien Cuba sigue siendo una isla totalitaria, espero que el día de hoy sea un paso para alejarse de los horrores que se han soportado durante demasiado tiempo, y hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano viva por fin con la libertad que tanto se merecen», añadió. «Aunque no podemos borrar las tragedias, la muertes y el dolor causados por Fidel Castro, nuestra administración hará todo lo posible para garantizar que el pueblo cubano pueda, finalmente, comenzar un viaje hacia la prosperidad y la libertad», prosigue el presidente electo. «Me uno a los muchos cubano-estadounidenses que me apoyaron tanto durante la campaña, incluyendo a los veterano de la brigada 2506», añadió, en referencia de los destacados en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, en 1961, «con la esperanza de ver pronto algún día una Cuba libre».
«Viaje del pueblo cubano hacia la libertad»
La muerte de Fidel Castro abre una incertidumbre sobre el futuro de la isla, unas dudas que ya existían desde la victoria electoral de Donald Trump, ya que podrían ser el fin de todos los avances diplomáticos registrados durente el mandato de Barack Obama. El magnate norteamericano, durante su campaña electoral en Florida, insistió en que uno de sus objetivos en la Casa Blanca sería «apoyar al pueblo cubano en su lucha contra la opresión comunista. El pacto de Obama solo beneficia al régimen de Castro».
Pese a estas declaraciones, en la comunidad cubana de Miami existe una desconfianza hacia las políticas que pueda llevar a cabo el futuro presidente norteamericano, ya que, en el pasado, ha mantenido distintas posturas con respecto a la isla. En este sentido, al conocerse en 2014 los acuerdos de Barack Obama con Raúl Castro, patrocinados por el Papa, Trump se mostró partidario de esta entente. En unas declaraciones posteriores, aseguró que era necesario negociar un acuerdo mejor que el que pactó el presidente. Posteriormente, ya en campaña, se comprometió a derogar las disposiciones sobre Cuba firmadas en la Casa Blanca.
«Ese mercado debe ser nuestro»
En su pasado como magnate de los hoteles, Trump también ha mantenido posturas ambiguas sobre la isla. En 1999 declaró que era consciente de que la isla sería una buena inversión para sus infraestructuras turísticas, pero resaltó que sus principios le impedían invertir en una isla dominada por los comunistas. Sin embargo, más adelante declaró que estaba dispuesto a abrir hoteles en Cuba «cuando sea legal». Estas declaraciones las realizó en una visita a los supervivientes del desembarco de la Bahía de Cochinos.
Trump, por otra parte, ha permitido que los miembros del ala más dura de su partido tomen posiciones con respecto al futuro gobierno. Sin embargo, uno de los grupos de poder más importante de EE UU, la industria agroalimentaria, ha manifestado desde hace un año que era necesario poner fin al embargo para poder acceder a un mercado de 11 millones de consumidores de la isla. La administración de Obama ya afirmó en 2015 que el 80% de los cereales que consume Cuba son importados, principalmente desde la Unión Europea, por lo que el bloqueo suponía cerrarse las puertas de uno de sus mercados más importantes. El secretario de Estado del Departamento de Agricultura, Michael Scuse, declaró en este sentido: «El mercado de cereal de Cuba debe ser nuestro».
Se espera de Trump mano dura contra el Gobierno de Cuba. Aunque a él personalmente quizá le convendría rebajar el embargo y poder hacer negocios en la isla paradisiaca que retomó las relaciones diplomáticas con Estados Unidos en diciembre de 2014. Desde entonces ambos países viven un lento deshielo.De hecho, la revista Newsweek acusó en campaña al próximo inquilino de la Casa Blanca de saltarse el embargo comercial en 1998.
Este año Estados Unidos se abstuvo por primera vez en la votación de la ONU sobre el embargo a Cuba, pero ello no puede acabar con él. Pues está tipificado por las leyes federales y debe ser el Congreso quien lo revoque. Aunque Obama ha intentado acelerar y blindar el proceso, la mayoría republicana no se lo ha permitido y no ha dado visos de que en esta legislatura en la que tiene el control de ambas cámaras ello vaya a cambiar.
Los cambios de Trump respecto a Cuba
“Revertiré las órdenes ejecutivas y concesiones a Cuba de Obama hasta que las libertades sean restauradas”, dijo Trump en la recta final de la campaña, cuando se hacía necesario asegurar el voto de los cubano-estadounidenses de Florida, el más importante campo de batalla entre los estados sin decidir. No aclaró si estaría dispuesto a romper las relaciones diplomáticas retomadas por su hermano Raúl y Obama tras más de 50 años sin lazos entre los dos países.
La hasta ahora última posición expresada por Trump sobre Cuba contrasta con la que mantenía al inicio de la campaña, cuando saludó la apertura de Obama, sugirió que debería haberse dado antes y respaldó el levantamiento del embargo que el demócrata no ha logrado llevar a cabo por la oposición de senadores republicanos.
Esta misma semana, Trump nombró miembro del equipo de transición a Mauricio Claver-Carone, director ejecutivo de un lobby pro embargo, US-Cuba Democracy PAC, extremadamente crítico con el deshielo de las relaciones pilotado por Obama. El puesto en el equipo de transición no es cualquiera: Claver-Carone se inserta en la rama que tiene la misión de organizar el traspaso de poder en el Departamento del Tesoro, que es el que se encarga -sanciones también de por medio- de que se cumplan las regulaciones finacieras, incluido el embargo a Cuba.


