No pudo satisfacer las ganas del público de ver a José Garrido en la dimensión del año pasado. Tras un saludo de capote vibrante, con dos faroles y varias verónicas de rodillas, el toro se orientó y arrolló en los viajes, haciendo muy complicado estar delante. El joven matador quiso justificar su presencia en un cartel con dos máximas figuras y nunca le volvió la cara al toro. Gran disposición la que exhibió Garrido, tratando de sacar agua de un pozo que nunca la tuvo.
El primer toro de la tarde fue un Garcigrande descastado, deslucido y sin clase. El Juli lo intentó por los dos pitones, haciendo gala de su gran técnica y buen oficio pero las condiciones del toro imposibilitaron cualquier opción de triunfo. Mató de una estocada desprendida. Su segundo toro, de Domingo Hernández, tuvo las virtudes de la humillación y la profundidad, pero le faltó transmisión. El Juli lo cuajó en un par de series templadas, con muletazos largos sobre la mano derecha. Se fue apagando el de Domingo Hernández y disminuyó la intensidad de la labor del madrileño que emborronó su actuación con la espada.
Talavante sorteó en primer lugar un toro irregular y cambiante. Unas veces acometió con más franqueza, otras de forma más descompuesta y sin clase. Sin fijeza en los compases iniciales, lo que sí tuvo fue movilidad y repetición, lo que aprovechó Alejandro para torear con ligazón sobre la diestra en una primera serie en la que logró momentos de toreo templado, relajado y encajado. Tras una estocada trasera y desprendida, saludó una ovación. No sirvió el quinto. Talavante, que debió verle posibilidades ya que brindó al respetable, abrevió tras la primera serie frente a un toro deslucido, desfondado y muy aplomado. Sin opciones el extremeño.
FICHA DEL FESTEJO:
El Juli, silencio y ovación con saludos
Alejandro Talavante, ovación con saludos y silencio
José Garrido, ovación con saludos tras aviso y silencio


