Por: Eduardo Ruíz-Healy.
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Dudo que la mayoría de los que hoy tienen 40 años o
menos tengan una idea clara de quién fue Mijaíl Gorbachov, el último presidente
que tuvo la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS o Unión
Soviética). Es más, dudo que esa mayoría sepa o recuerde que alguna vez existió
ese país comunista fundado en 1922 sobre gran parte del territorio que abarcó
lo que fue el imperio ruso que se desintegró tras la Revolución de Febrero de
1917 y la caída del último zar o emperador Nicolás II.
Y es que quienes son menores de 40 años, eran niños o
aún no habían nacido cuando la URSS se disolvió en diciembre de 1991, después
de que un grupo de militares fracasara en su intento de golpe de Estado contra
Gorbachov y que varias de las repúblicas constituyentes de la URSS se
declararan independientes.
Curiosamente, en octubre de 1990, un año antes de
quedarse sin trabajo al disolverse el país que gobernaba, el Comité Noruego del
Nobel anunció que había “decidido otorgar el Premio Nobel de la Paz de 1990 a
Mijaíl Serguéyevich Gorbachov, presidente de la Unión Soviética, por su papel
de liderazgo en el proceso de paz que hoy caracteriza a partes importantes de
la comunidad internacional”.
El Comité explicó sus razones para darle la presea al
hombre que falleció el martes a los 91 años en Moscú: “Durante los últimos
años, se han producido cambios dramáticos en la relación entre Oriente y
Occidente. La confrontación ha sido reemplazada por negociaciones. Los antiguos
estados nacionales europeos han recuperado su libertad. La carrera de
armamentos se está desacelerando y vemos un proceso definido y activo en la
dirección del control de armamentos y el desarme. Varios conflictos regionales
han sido resueltos o al menos se han acercado a una solución. La ONU está
comenzando a desempeñar el papel que originalmente se le había previsto en una
comunidad internacional regida por el derecho.
“Estos cambios históricos surgen de varios factores,
pero en 1990 el Comité Nobel quiere honrar a Mijaíl Gorbachov por sus muchas y
decisivas contribuciones (…) este proceso de paz, al que Gorbachov ha
contribuido tan significativamente, abre nuevas posibilidades para que la
comunidad mundial resuelva sus acuciantes problemas a través de líneas
divisorias ideológicas, religiosas, históricas y culturales”.
Para dicho Comité, Gorbachov “puso fin pacíficamente a
la Guerra Fría”, no impidió que en 1989 cayera el Muro de Berlín, después de
ser elegido nuevo líder de la Unión Soviética en 1985 “buscó reformar el
comunismo e introdujo los conceptos ‘glasnost’ (apertura) y ‘perestroika’
(cambio) (…) liberalizó la sociedad y buscó la distensión con los EEUU para
poder transferir fondos de la defensa a la sociedad civil. Declaró que no
apoyaría regímenes comunistas en otros países si sus pueblos se opusieran a
ellos. Así inició una reacción en cadena que condujo a la caída del comunismo
en Europa”.
Vilipendiado en Rusia por haber causado el fin de la
URSS y admirado fuera de ésta por sus logros que tan bien enumeró el Comité del
Nobel de la Paz, el mundo en que vivimos, con sus pros y contras, no puede
explicarse sin tomar en cuenta los efectos de las decisiones que en su momento
de mayor poder tomó Mijaíl Gorbachov, un personaje clave del Siglo 20.


