La Revista

Harfuch comparece ante Senado; consolida su imagen como presidenciable.

—Esta semana Omar García Harfuch compareció ante el Senado para presentar los avances de la estrategia nacional de seguridad en el marco de la glosa del primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum —comenzó la periodista para comenzar la plática de esta semana en el restaurante The Palm de la CDMX—. En su exposición Harfuch presentó cifras concretas sobre reducción de homicidios, detenciones y decomisos, y describió la coordinación federal y con socios internacionales como un elemento central de su operativa.

—Lo importante es qué muestran esos números en la práctica —añadió el editorialista—. Las estadísticas que presentó el secretario hablan de una reducción sensible en homicidios dolosos, detenciones masivas y aseguramientos de combustibles y drogas que él mismo calificó como medibles y concretos. Esa narrativa técnica ha sido efectiva para traducir gestión en legitimidad ante el Congreso.

—No obstante, la recepción en el Senado fue lo que más llamó la atención —intervino la empresaria—. Más allá del debate político habitual entre oficialismo y oposición, la comparecencia tuvo una aceptación poco común entre las fuerzas políticas, que reconocieron avances pese a críticas puntuales sobre transparencia y enfoque. Ese gesto institucionalizado ofrece a Harfuch capital político inmediato.

—Esa aceptación es clave para la proyección política que ya se está formando alrededor de su figura. Cuando un funcionario de seguridad obtiene aplausos transversales en el Senado no solo refrenda su gestión técnica sino que acumula un aura de mando y capacidad para gobernar. Por eso no sorprende que en la opinión pública comience a ubicársele como uno de los presidenciables emergentes del próximo sexenio—señaló el analista.

—Cuidado con las generalizaciones —matizó el político—. Que Harfuch esté hoy bien recibido no implica que el camino a una candidatura esté pavimentado. La relación con la presidenta es un activo que le beneficia, pero la transición de un cargo técnico a la contienda nacional exige consolidar resultados sostenidos y no episodios comunicativos. Si logra consolidar baja sostenida de homicidios y frenar otros delitos, su ventaja será real; si no, la sociedad lo juzgará por resultados tangibles.

—Hay un punto que Harfuch mismo reconoció y que no conviene soslayar. Él dijo que hay avances, pero que todavía queda por hacer. Es una admisión relevante porque, mientras los homicidios registran descensos porcentuales, el fenómeno de las desapariciones sigue siendo un tema urgente y exige respuestas diferenciadas en investigación y prevención —añadió la abogada—. No hay métrica que valide la seguridad si las desapariciones crecen.

—Justamente —replicó la periodista—. En varios informes recientes las desapariciones han mostrado incrementos preocupantes, lo que obliga a relativizar cualquier dato positivo. Una baja en homicidios no compensa una curva de personas no localizadas que se mantiene al alza. Ese contraste es la principal crítica que le hicieron algunos legisladores durante la comparecencia.

—Desde la óptica política, eso no evita la proyección presidencial que ya se discute en foros y redes. Sí, todavía es temprano para hablar de sucesión, pero observamos figuras que se intentan posicionar desde ahora —comentó el editorialista—. Harfuch, en cambio, no se ha destapado de ninguna manera y, sin embargo, aparece entre los mejor evaluados por su gestión y su cercanía con la Presidencia. Eso lo coloca en una posición preferente si sabe administrar expectativas y resultados.

—No faltan actores que pretenden disputar ese espacio —añadió la empresaria—. En el PAN hay perfiles conocidos como Xóchitl Gálvez y Kenia López que han expresado interés por destacar, pero el partido vive una coyuntura de reordenamiento que complica su capacidad de competir a escala nacional hoy. El mapa político favorece a quien muestre gobernabilidad y resultados, más que a quien intensifique retóricas sin sustentos como ha venido haciendo el PAN desde hace ya algunos años.

—Y fuera del esquema partidista también hay aspirantes con recursos para proyectarse. Ricardo Salinas Pliego, por ejemplo, se ha mostrado como una figura con aspiraciones mediáticas y económicas, pero enfrenta litigios fiscales y procesos que minan su credibilidad política. Es legítimo citarlo como actor emergente, pero su viabilidad electoral está condicionada por esos conflictos legales y por la percepción pública —observó el consultor.

—Entonces lo que vemos es una doble lectura. Por un lado, un funcionario que obtiene reconocimiento transpartidario por resultados en ciertos rubros; por otro, una agenda de seguridad incompleta con indicadores negativos en otras variables—resumió el analista—. Esa tensión es la que definirá si la proyección de Harfuch se transforma en candidatura.

—Lo central para el público es si esos logros se traducen en seguridad cotidiana para las familias. Si Harfuch y su equipo consiguen consolidar una tendencia real y palpable en reducción de delitos y en atención a desapariciones, su capital político crecerá; si la mejora es parcial o localizada, la proyección presidencial se volverá más frágil—dijo la periodista—. Mientras tanto, la comparecencia en el Senado sirvió para dos cosas: para rendir cuentas y para confirmar que, en el tablero político mexicano, ya hay quien mira más allá del cargo actual.

—Y ese será el tiempo el que lo confirme. Hoy la política mueve piezas a largo plazo; Harfuch ganó un terreno importante esta semana, pero la sucesión presidencial no admite atajos—concluyó el consultor—. Los votantes pedirán resultados, coherencia y propuestas más allá de la seguridad. Eso, al final, decide candidaturas y victorias.

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