La paradisíaca isla de Holbox, ubicada en el norte de Quintana Roo y considerada uno de los destinos turísticos más valiosos del Caribe mexicano, atraviesa una grave crisis hídrica y energética que ha puesto en jaque tanto a residentes como a visitantes. La situación, lejos de ser resultado de una contingencia aislada, responde al deterioro progresivo y a la falta de mantenimiento de la infraestructura básica a cargo de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA), cuya omisión ha sido señalada como una de las principales causas del colapso operativo que afecta a la isla.
Desde hace semanas, la comunidad local ha reportado cortes constantes en el suministro de agua potable. Las restricciones han obligado a hoteles, restaurantes y viviendas a racionar su uso, en algunos casos cerrando llaves por completo en horarios críticos. La situación se agrava con la ruptura frecuente de tuberías que conectan a Holbox con el continente a través del poblado de Chiquilá, lo que interrumpe el abasto y genera incertidumbre sobre la calidad del agua disponible.
A esto se suma el mal funcionamiento del drenaje sanitario. En varias zonas del pueblo se han reportado colapsos del sistema, provocando inundaciones de aguas negras que afectan tanto la salud pública como el entorno natural. En días de lluvia o con marea alta, las filtraciones alcanzan calles y accesos principales, generando olores desagradables, focos de infección y una imagen poco compatible con el turismo de calidad que promueve la isla.
El problema no se limita al agua. La infraestructura eléctrica de Holbox opera con generadores diésel obsoletos, insuficientes para cubrir la creciente demanda de energía durante temporadas altas. Esto ha ocasionado apagones recurrentes que afectan la operación de aires acondicionados, bombas hidráulicas, sistemas de refrigeración y servicios esenciales, lo cual impacta directamente en la experiencia de los visitantes y en la calidad de vida de los pobladores.
Además del evidente deterioro en los servicios, los efectos de esta crisis ya se reflejan en la percepción del destino. Turistas han comenzado a expresar inconformidad por la falta de agua, los olores desagradables en zonas residenciales, la turbidez del mar y los apagones continuos. La imagen de Holbox como un paraíso natural comienza a desdibujarse ante la falta de soluciones concretas y sostenidas.
Este colapso adquiere una dimensión aún más crítica si se considera que Holbox forma parte del Área de Protección de Flora y Fauna Yum Balam, uno de los ecosistemas más frágiles del sureste mexicano. La presencia de manglares, aves migratorias y especies endémicas está amenazada por el desbordamiento de aguas residuales y la sobreexplotación del entorno sin medidas de mitigación eficaces.
Frente a este escenario, la población ha comenzado a exigir que CAPA y las autoridades estatales adopten medidas inmediatas. Entre las principales demandas destacan la renovación total del sistema de agua potable, la reestructuración del drenaje con plantas de tratamiento funcionales y la modernización urgente de la red eléctrica, priorizando fuentes más limpias y eficientes.
También se ha solicitado la creación de una mesa técnica permanente donde participen especialistas, autoridades y representantes de la comunidad, con el objetivo de diseñar soluciones integrales que garanticen la sustentabilidad del destino sin comprometer la vida diaria de quienes lo habitan.
Holbox se encuentra en un punto de inflexión. Si no se invierte con urgencia en infraestructura básica, el daño no solo será económico o turístico, sino ambiental y social. La isla, orgullo natural de México y refugio de biodiversidad, corre el riesgo de perder su esencia si las promesas no se convierten en acciones concretas. La demanda es clara: agua limpia, energía estable y un compromiso real por el futuro de Holbox.


