El huracán Beryl ha causado estragos en Texas, dejando al menos ocho muertos y más de 2.3 millones de personas sin electricidad. Los fuertes vientos y las inundaciones han destruido viviendas, infraestructuras y derribado árboles, generando apagones masivos. En Houston, un empleado del Departamento de Policía murió atrapado en una inundación, mientras que otras muertes se han reportado por la caída de árboles debido a tornados. Las temperaturas extremas, pronosticadas en 40 grados Celsius, agravan la situación en medio de los apagones.
Las autoridades locales y estatales han desplegado equipos de emergencia para atender a los afectados y comenzar las tareas de limpieza y reconstrucción. Se han habilitado refugios temporales y se están distribuyendo suministros esenciales como agua, alimentos y medicinas.
La comunidad ha mostrado una gran solidaridad, con numerosas organizaciones no gubernamentales y voluntarios ofreciendo ayuda a los damnificados. Esta respuesta comunitaria ha sido crucial para asistir a los más vulnerables durante esta crisis.
Los meteorólogos continúan monitoreando la trayectoria del huracán y emiten alertas y recomendaciones para los residentes de las áreas potencialmente afectadas, subrayando la importancia de estar preparados y seguir las indicaciones de las autoridades para minimizar los riesgos.
El huracán Beryl ha demostrado la necesidad de estar siempre preparados ante fenómenos naturales de esta magnitud y la importancia de una respuesta rápida y coordinada para mitigar sus efectos devastadores.


