
Daniela Torre Medina
La imaginación no abre la herida,
la profundiza.
Hasta que ya no puedes fingir que era superficie.
El cinismo no la cura.
la deja ahí,
pero le cambia el nombre
para no tener que mirarla.
Una no sabe detenerse.
insiste.
se equivoca.
vuelve.
te empuja a ver
lo que no tiene forma todavía
y aun así duele
como si ya hubiera existido.
El otro aprende a administrar el vacío.
lo mide.
lo clasifica.
lo vuelve lenguaje.
y en ese proceso
lo vacía de sangre.
Dice: “así son las cosas”
como quien cierra una puerta
desde adentroy después presume
que nunca hubo salida.
Pero no es verdad.
es cobardía bien argumentada.
es miedo con estructura.
La imaginación, en cambio, no es noble.
es cruel.
te enseña lo que podría ser
y te deja vivir sabiendo
que no es.
Te condena a la posibilidad.
Y no hay nada más insoportable
que saber
que el mundo no está terminado
pero tú sí.
El cínico no entiende más.
se agotó antes.
y convirtió ese agotamiento
en postura.
Hace de su renuncia
una teoría.
de su cansancio
una verdad universal.
Se burla
no porque no crea,
sino porque creer
le recuerda
todo lo que no sostuvo.
Se ríe
como quien escupe
sobre algo que todavía desea.
La imaginación arde
porque no negocia.
El cinismo enfría
porque ya negoció todo
hasta quedarse sin nada.
Una te rompe
porque no te deja cerrar los ojos.
El otro te adormecehasta que confundes paz
con ausencia.
Pero en el fondo,
donde ya no hay discurso
el cínico todavía tiembla.
No por el mundo.
por lo que alguna vez vio en él.
Y por eso mutila.
reduce.
niega.
Como quien arranca una raíz
no porque esté muerta,
sino porque sigue viva
y no puede sostenerlo.
Porque lo más violento del cinismo
no es que dude.
es que decide
que nada merece ser intentado.
Y eso
no es lucidez.
es rendirse
y tener el descaro
de llamarlo verdad.



