La literatura gótica siempre ha estado rodeada de una intensidad dramática, pasiones intensas y debates interpretativos. Sin embargo, pocas veces una adaptación cinematográfica de un clásico ha generado tanta controversia antes de su estreno como la nueva versión de Jacob Elordi y Margot Robbie desatan polémica en la nueva adaptación de ‘Wuthering Heights’, dirigida por Emerald Fennell, conocida por su polémico éxito Saltburn. El filme, que llegará a las salas en febrero, se ha convertido en blanco de críticas por decisiones de casting y por el tono abiertamente erótico de su campaña promocional.
Publicada en 1847, Cumbres Borrascosas de Emily Brontë es uno de los pilares de la literatura gótica. La historia se centra en el tormentoso vínculo entre Heathcliff, un joven adoptado por la familia Earnshaw, y Catherine, su hermana adoptiva. El relato no solo explora la obsesión y el amor destructivo, sino que también refleja tensiones de clase, raza, violencia y exclusión social.
Precisamente, es en esos matices donde surge la polémica: la elección de Jacob Elordi como Heathcliff ha provocado acusaciones de “blanqueamiento” cultural, ya que en el texto original el personaje es descrito como de piel oscura y con rasgos que lo marcan como un “otro” dentro de la sociedad inglesa del siglo XVIII. Margot Robbie, quien interpreta a Catherine, también ha sido objeto de críticas por su edad, pues el personaje en la novela es una adolescente, mientras que la actriz está muy por encima de esa etapa.
La interpretación de Heathcliff ha dividido a los seguidores del libro. Mientras algunos consideran que el personaje nunca tuvo un origen étnico claramente definido, otros estudiosos señalan que Brontë ofreció pistas sobre una identidad no blanca. El director del Brontë Writing Center, Michael Stewart, ha afirmado que Heathcliff podría haber sido afrodescendiente o mestizo, y que esa ambigüedad era esencial para comprender la discriminación y el rechazo que sufre en la novela.
Con Elordi en el papel, muchos temen que esa dimensión de exclusión racial quede borrada, transformando la historia en un romance más convencional. Claire O’Callaghan, editora de la revista académica Brontë Studies, advierte que la decisión de casting elimina capas de lectura sobre la otredad y la violencia simbólica que Emily Brontë plasmó con tanta fuerza.
La segunda gran polémica proviene del material promocional. El tráiler, acompañado de la música de Charli XCX, muestra escenas cargadas de sensualidad, con un estilo que muchos usuarios en redes sociales han descrito como cercano a una versión gótica de Cincuenta sombras de Grey. En plataformas como X (antes Twitter), los comentarios se multiplicaron: desde quienes acusan a Fennell de “convertir la tragedia de Brontë en un romance blanco y edulcorado”, hasta aquellos que ironizan diciendo que “Emily Brontë debe estar retorciéndose en su tumba”.
Las proyecciones de prueba en Dallas no ayudaron a calmar el debate. Parte del público describió la película como “provocadora en exceso” y hasta “abrasiva en su tono”, destacando la presencia de escenas sexualmente explícitas, incluyendo prácticas de bondage. Lejos de ser un romance trágico, algunos asistentes consideraron la adaptación como una interpretación “deliberadamente antirromántica” del original.
Por su parte, Kharmel Cochrane, directora de casting, defendió la visión de Fennell al afirmar que “no es necesario ser fiel al libro, porque se trata de arte, no de la vida real”. Estas declaraciones solo intensificaron el malestar de quienes consideran que se está perdiendo la esencia de una obra inmortal.
Más allá de la controversia, lo cierto es que la nueva película llega rodeada de expectativas. Con Warner Bros. detrás de la distribución, un elenco estelar que incluye también a Hong Chau y Shazad Latif, y con el sello personal de Fennell, el filme parece destinado a ser uno de los estrenos más comentados.
Lo que está por verse es si la adaptación logrará trascender la polémica para ofrecer una mirada fresca y arriesgada, o si quedará marcada como un ejemplo de cómo reinterpretar un clásico puede convertirse en una batalla cultural entre la fidelidad al texto y las exigencias de la industria del entretenimiento.


