Millones de mexicanos trabajaron como braceros en Estados Unidos. Ahora buscan reconocimiento y compensación.
Cuando bajó del tren, David Contreras no podía creer lo que estaba frente a él.
Cientos de hombres jóvenes esperaban bajo el sol del desierto a que alguien desde el fondo de una bodega los llamara.
Muchos permanecían sentados, otros en el suelo, aturdidos por el intenso calor.
Ese fue la escena que encontró David al llegar a Empalme, Sonora, en 1962.
Tenía 17 años y como todos los que se encontraban en el lugar buscaba contratarse en alguna granja de Estados Unidos.
En Empalme, que entonces era un pueblo de pescadores, funcionaba el único centro de contratación en México para el Programa Bracero.
Lo que encontró David Contreras fue una pesadilla. “Éramos miles, miles, miles” le cuenta a BBC Mundo.
“Había mucha gente que no era contratada porque venían enfermos o se enfermaban allí. No los podían aceptar de ninguna manera”.
“Ya no tenían con qué regresarse a sus tierras, andaban por las calles buscando qué comer.Hubo gente que se llegó a morir de hambre, de sed. No había quien hiciera algo por ellos”.
El único reconocimiento
No se sabe cuántas personas murieron mientras esperaban un contrato temporal de empleo.
La historia de lo que sucedió en esa época se ha recuperado a través de testimonios de los trabajadores.
La Alianza de Exbraceros del Norte, una de las organizaciones que representan a los sobrevivientes, ha recabado varios de ellos.
Rosa Zárate, una de sus representantes, le dice a BBC Mundo que fueron inhumados en fosas comunes, porque nadie reclamó los cuerpos.
Y es que la mayoría de quienes se concentraron en ese pueblo viajaron solos, con poco dinero que se agotó con rapidez.
Pero no hay registro oficial de esas muertes. Las documentaciones históricas se basan en entrevistas a extrabajadores de la época.
Ahora la Alianza realizó la Caravana Holocausto Bracero para recordar lo que sucedió en esos años.
Es uno de los capítulos menos conocidos en la relación entre México y Estados Unidos.
Un grupo de sobrevivientes partió de Los Ángeles, California, hasta Empalme donde se inauguró una estatua dedicada a los braceros. Es el único monumento para ellos que existe en México.
“Queremos que busquen el lugar donde los enterraron, ahora tal vez es difícil porque la ciudad creció, pero se puede intentar”, insiste Rosa.
David Contreras, ahora de 73 años de edad, fue uno de los que participaron en la caravana.
Como las pocas veces que ha regresado a Empalme tiene una mezcla de sentimientos. “Fue algo muy fuerte para todos nosotros”, cuenta.
“Lo que vivimos aquí sí fue real, es una desgracia”.


