Por: Fernando Belaunzarán.
La mayoría oficialista es artificial, lo cual no la
inhibe para hacer y deshacer. El bloque construido alrededor de Morena en 2021
obtuvo dos millones de votos menos que la oposición. La sobrerrepresentación
constitucional del 8% les permitió tener más curules que el resto de los
partidos juntos. Pero, de cualquier manera, aun suponiendo que dicha
correlación fuera real, eso no significa que su poder sea ilimitado. Deben
respetar leyes, procedimientos y derechos, incluyendo los de las minorías, de
lo contrario no hay democracia posible.
El cumplimiento de la Constitución no es discrecional
para el gobernante, con independencia de su popularidad. Al Presidente le parece
que el Inai no sirve y que sus funciones las debe absorber la ASF. La
ocurrencia es absurda y expresa desconocimiento del carácter y las funciones
del órgano garante en transparencia y resguardo de datos personales; pero eso
es lo de menos, son sus ideas y tiene el derecho a sostenerlas; lo grave es que
crea que puede sabotearlo porque no le gusta, siendo que tiene la obligación de
velar porque funcione, darle los recursos que requiera y cooperar con sus
labores, acatando sus resoluciones.
Es verdad que demos es pueblo y kratos poder, sin
embargo el primero no es homogéneo, sino diverso, y haber ganado la elección
presidencial no da licencia para decidir a qué ordenamientos les hace caso y a
cuáles no, pues el segundo es acotado. El mandatario censura a los ministros de
la SCJN que no le dan la razón porque piensa que eso es oponerse a la mayoría
que él representa. Por eso les pide explícitamente que sirvan a su proyecto,
que llama transformación, como si la ley no sirviera de dique contra la
arbitrariedad y, en ese sentido, diera garantías a quienes disienten.
Acabar con el Inai sería un retroceso, la pérdida de
una valiosa conquista ciudadana, aunque hay una forma legal de hacerlo:
modificando la Constitución. Pero, como no les alcanzan los votos, recurren a
la calculada negligencia para tenerlo inoperante, impidiendo el nombramiento de
los comisionados faltantes. Lo dijo con todas sus letras el senador Félix
Salgado Macedonio: se elegirán cuando ellos lo decidan, porque son mayoría.
Que eso signifique dejar en indefensión a los
ciudadanos no sólo no les preocupa, es el objetivo. Por desgracia, la ministra
Loretta Ortiz decidió ser cómplice del atropello al negar al instituto sesionar
con los cuatro comisionados que le quedan, permitiendo de esa manera que por
omisión se conculquen derechos humanos. Para dicha integrante del Máximo
Tribunal, afín al Presidente, la “transformación” le da esa facultad a la
mayoría en el Senado, incluso habiendo un mandato judicial que los emplaza a
hacer los nombramientos.
Emulando a los regímenes autoritarios, la mayoría
parlamentaria es controlada por una sola persona que despacha en otro lugar.
Para que no quedara duda, López Obrador recibió a sus senadores en Palacio
Nacional y los instruyó a llevar a cabo la sesión más bochornosa en la historia
del Congreso mexicano. Cambiaron la orden del día sin quórum para tramitar
licencia remota de una senadora que está representando al Senado en reunión de
trabajo en Europa, tomarle protesta a su suplente y así tener los 65 votos requeridos
para aprobar 20 leyes por fast track en sede alterna, sin discusión, sin
oposición y sin haber leído siquiera las minutas.
Todo para poder ocultar información pública con
impunidad. La mayoría no sólo es incontestable, también inescrutable. Los procedimientos
parlamentarios, la división de poderes y hasta la Constitución son molestos
obstáculos de la voluntad popular que sólo puede interpretar el titular del
Ejecutivo. Acordar con quienes piensan distinto no sólo es innecesario, también
indeseable. Las concesiones son enjuagues inmorales que contravienen el cambio
anhelado.
En democracia, la minoría puede eventualmente
convertirse en mayoría. Eso sucedió con los que están hoy en el poder. Querer
convertir una hegemonía coyuntural en estructural, cambiando unilateralmente
las reglas, atenta contra ello. Y si se dan licencia para pasar por encima de
los derechos de las minorías políticas, ¿qué garantía tienen las religiosas o
sexuales?


